viernes, 18 de septiembre de 2015

ESCOGIENDO PELÍCULAS PARA EL OSCAR: ¿TÓMBOLA O SERIEDAD?

En medio de tanto éxito de cine nacional, no puedo dejar de pensar en que hay algún lugar en el infierno guardado para ciertas personas de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, así como en el Instituto Mexicano de Cinematografía porque, una vez más, se demuestra la poca importancia que se le da a nuestras producciones, haciendo incluso que parezca una burla o hasta un concurso de popularidad del cine nacional. ¿Por qué le digo esto? Porque se dieron a conocer las películas que buscarán representar a México en los premios Goya y en la próxima entrega del Oscar. Y no es que sean malas películas –aunque una de ellas no he podido verla por falta de distribución–, sino que son cintas que nadie, absolutamente nadie, si no forma parte del círculo editorial del cine, conoce.


Pero vamos por partes. Primero: ¿quién decide las finalistas a dicha decisión? Si uno se pone a ver la lista de aspirantes a ello puede encontrar grandes películas que se justifican en la búsqueda de la representación, pero hay otras que, francamente, parecen una burla a lo que es el cine que nos debe representar en el extranjero. Si no, explíqueme por qué las cintas Gloria y Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero estaban en competencia para llegar al nombramiento. ¿Quién es el que decide el filtro de cintas? O, peor aún, ¿hay acaso algún filtro o simplemente se hace una apertura de inscripciones a todas las cintas que quieran llegarle al tema?


El cine nacional debe ser tomado con seriedad y no debemos seguir jugando a disparar al aire escopetazos para ver si le pegamos a un pato, sino que tendríamos que establecer reglas de participación interesantes que nos permitan entender las formas de preselección. Y no es que tenga algo contra las cintas antes mencionadas. De hecho me parecen cintas bien realizadas en cuanto a técnica cinematográfica pero algo me dice que no es exactamente el cine que podría competir contra, digamos, la nueva cinta de Michael Haneke.


Por otro lado, las dos seleccionadas son cintas que no han podido llegar a las pantallas por una evidente fractura en el sistema de distribución, como siempre lo hemos dicho. 600 Millas del director novato Gabriel Ripstein es una joya de película sobre un traficante de armas y el agente estadounidense encargado de detenerlo. Una cinta que toca las entrañas y que está realizada con toda la capacidad adquirida por estudios y experiencia y que no puede negar el espíritu de haber crecido con un padre como Arturo Ripstein. Tirisia, por otro lado, no tengo idea de qué va, porque no he podido verla en ningún lado y la exhibición de la cinta en salas mexicanas todavía parece una meta muy lejana.


¿Cómo podemos generar identidad nacional cinematográfica si el público sigue sin poder ver las cintas que, según unos cuantos amigos en una sala de juntas, deciden mandar a representar la industria mexicana del séptimo arte? Ahí otra prueba más de que algo tenemos que hacer para cambiar el sistema de nuestro cine, porque parece que hay quienes se empeñan en que siga siendo un parque de diversiones exclusivo al que sólo se invita a unos cuántos y se deja fuera al factor más importante del proceso cinematográfico: el público.



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El Incidente de Isaac Ezban se ha defendido en la taquilla aún con una distribución muy pobre. Si la pueden ir a ver, vayan. Y que alguien me explique por qué no estuvo esta cinta entre las finalistas a representarnos en, por ejemplo, el Goya.


Se anuncia un Ciclo de Cine Gótico en la próxima edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. Se presentará Cronos de Guillermo del Toro, cinta que yo creo es el parteaguas del cine nacional.



Recomendación de la semana: Everest. Jake Gylenhall da una de las mejores actuaciones de su carrera en una cinta emocional y emocionante basada en un hecho real. Vayan al cine a verla.  

viernes, 4 de septiembre de 2015

¿Quién abre las puertas del streaming?

Conforme pasan las semanas y los meses, me convenzo cada día más de dos cosas con respecto a mi servicio de streaming de Netflix que contraté el año pasado. En primer lugar, que nunca voy a dejar de comprar películas porque, al final, sigue siendo una regla inamovible la frase que dice: “Para saber si algo está en Netflix, sólo debes querer verla. Si la quieres ver, seguro no la encuentras”. Esto porque hace unos días, además, se anunció el término de contrato entre esta plataforma de VOD con uno de los más grandes distribuidores de títulos que decidió firmar contrato con la competencia, lo que deja a septiembre como el último mes para poder disfrutar de más de 60 títulos diferentes que no volverán a aparecer por la pantalla del logotipo rojo. El segundo punto es... ¿En serio estamos aprovechando estas plataformas en la industria de la producción mexicana? Y, tristemente, la respuesta sigue siendo: no.


Vamos por pasos. Muchos andan celebrando el estreno de Club de Cuervos, una serie producida por el mismo equipo que realizó la cinta Nosotros los Noble y que representa la entrada de México en el mercado del streaming con una serie producida en específico para ellos. Pero, ¿y lo demás? ¿Acaso sólo existe Gaz Alazraki en nuestra industria? En las últimas semanas he escuchado de infinidad de contenidos que bien podrían estar en las filas de cualquiera de estos servicios de VOD pero todas las pláticas terminan con el mismo argumento: “Pero no conozco a nadie que me presente al de Netflix”. ¿Es eso en donde estamos en la industria? ¿Seguimos dependiendo de los amigos, compadres, cuates, conocidos, familiares, brothers o demás definiciones que podamos darle al asunto? Tristemente sí. En una industria tan vapuleada por la televisión y por los sistemas de distribución inequitativa de contenidos, parece que seguimos en el juego de que conocer a la gente y jalar palancas es la única forma de sacar adelante un proyecto.


¿Dónde están las iniciativas de apoyo a creadores mexicanos en estas empresas internacionales? La respuesta sigue siendo un misterio, pues los guiones se van quedando guardados en algún cajón o, en su caso, terminan siendo adaptados para películas de poca monta hechas con el sudor de años de trabajo, inversiones imposibles de recuperar y distribución de 5 copias que parece ya hasta una burla para lo que está sucediendo en la industria.


Se dice en los pasillos de la industria que Carlos Slim, a través de la plataforma Claro Video está dispuesto a apostarle. Pero, de nuevo, ¿quién conoce a la gente correcta dentro del corporativo de Carso para presentar proyectos? Al día de hoy, sólo he escuchado de juntas de pitch realizadas directamente al Ing. Arturo Elías Ayub en su calidad de Director General de Claro, pero algo me dice que un Juan Vecino no podrá llegar de manera tan relajada al corporativo de Slim y pedir la cita para hacer la presentación adecuada.


Seguimos teniendo un pendiente con nuestros creadores y, peor aún, seguimos dejando que las oportunidades nos pasen de largo. Esperemos que en los próximos meses eso se corrija. Pues si algo sobra en México, es talento.



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Se presentó Cantinflas en otro festival más. Y se presentó con éxito. Y, mientras, ¿quién está tocando la puerta de su director para impulsar su siguiente trabajo? Nadie...


El guionista de la misma cinta comienza nuevo proyecto de biopic. ¿Cuál es? Aún no nos cuenta, pero espero traerles el chisme en breve.



Recomendación de la semana: El Agente de C.I.P.O.L., una serie de los 60’s revivida en el cine. El resultado: una gran cinta de espías que sabe separarse bien de Bond, Bourne, Hunt y demás estrellas de acción. Henry Cavill y Armie Hammer están increíbles en sus papeles.

viernes, 31 de julio de 2015

¿CINE DE AUTOR O CINE DE ARTE?

Tengo que confesarles algo. Cuando alguien, en cualquier tipo de conversación, comenta sobre el cine utilizando la frase “es que el cine de arte es...” algo en mi causa escozor en el cerebro, se me funden las amígdalas y se me dilatan los poros de la frente nada más del coraje. Y es que esa frasecita de “cine de arte” que, incluso, se puede encontrar en las tiendas de películas o en los ya casi extintos videoclubs, es de las pequeñas muestras de que la comunicación en el cine es importante y una mala comunicación termina por agredir a un público novato. Por eso es que, si usted le busca, encontrará muy pocas “salas de arte” en el país y, por ende, muchos autores que no encajan en el cine comercial terminan viendo sus películas con una distribución que no pasa de las 10 copias, dejando a grandes talentos de la cinematografía perdidos entre deudas y vendiendo hasta el alma para pagar a los acreedores.


Partamos de un simple punto. El cine es un arte. El séptimo arte, de hecho. Y, aunque parezca un absurdo, todo el cine que se hace es arte. Bueno... casi todo, porque me niego a poner en esa categoría a basuras infumables como Transformers: Age of Extinction o hasta basuras extremadamente disfrutables –bajo la premisa del absurdo– como Sharknado 3 que, dicho sea de paso, cuando puedan denle una checada para reír con una de las cintas más ridículas que he tenido el placer de ver. (Ojo, la próxima semana hablaremos del eterno debate entre el cine malo y el cine absurdo, gracias a una conversación que sostuve la semana pasada con un buen amigo). Pero volviendo al tema que nos atañe esta semana, el cine es un arte en si mismo. Por supuesto, como diría Kubrick, es un arte 100% perfectible y que siempre tendrá errores en su desarrollo. Y miren que lo dijo un perfeccionista obsesivo, pesadilla de la sala de edición.


Como en cualquier forma de arte, nos enfrentamos a dos cosas fundamentales. En primer lugar, el hecho de que casi cualquiera puede acercarse y realizar un intento de expresión artística y, de hecho, llamarlo arte. Ahí están muchos ejemplos como Uwe Boll, Aaron Seltzer, Tyler Perry o Raja Gosnell, que lanzan sus bodrios pensando que serán grandes películas y nadie se acerca para decirles algo en el tono de “sí... apestas”. Pero de igual forma uno se puede topar en una galería famosa y prestigiosa a una mujer sentada en una mesa compartiendo un minuto de silencio con quien se siente frente a ella y hay quienes la llaman “la mejor artista viva”, cosa que sigo sin lograr entender, de la misma forma que no entiendo la existencia de Adam Sandler o David Hasselhoff. La segunda cosa a la que nos enfrentamos es, justamente, eso. Siempre habrá un espacio para un público que tenga mal gusto o, para decirlo de manera amable, siempre habrá alguien a quien le parezca necesaria la existencia de cintas como Jack & Jill o Viaje de Graduación.


Por otra parte, el cine de autor es un tema completamente diferente. Ese mal llamado “cine de arte” –título que, además, denota un esnobismo gigantesco ya sea del autor o de su distribuidor– es “de autor” porque hay una constante narrativa en el director que lo separa de los demás y que, además, podemos identificar en casi todas sus cintas como sello indiscutible. Ahí es donde pocos pueden entrar en la lista y donde en tan solo unos planos se puede definir si una cinta la hizo Hitchcock, Kubirck, Coppola, Tarkovsky, Tarantino, Lynch, Cronenberg, Craven, Allen, Burton, Romero, Carpenter, Bergman o Michael Bay. Sí... no se espanten... hablo del Michael Bay antes de Transformers, ese que tiene dos cintas bien merecidas en la exclusiva colección Criterion. Es ahí en donde se tiene que definir el cine de autor y dejar de llamarlo “cine de arte” porque, al final del día, el arte debe ser universal o, al menos, aspirar a serlo. Conozco pocas personas que puedan decir que Van Gogh no les gusta. Pero conozco aún menos que puedan decir que Offret, cinta icónica de Tarkovsky, es algo más que una tortura lenta y salvaje frente a la pantalla. Y le hablo de una ganadora de Cannes.


Así que, ya sabe, la próxima vez que alguien le invite a ver “cine de arte”, tiene dos opciones. Corregirlo y explicarle por qué se debe llamar diferente. O arriesgarse a tirar las palomitas cuando aparezca en pantalla algo como El Niño de Piedra.



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Paramount Pictures acaba de dejar caer la noticia que tiene a muchos babeando. Están considerando distribuir y producir cine mexicano. Calmen las cabras, muchachos... dijo “creo que vendrá en los próximos años”. Ojalá así sea, pero hasta no ver...



Recomendación de la semana: Mission Impossible: Rogue Nation. Una saga que se mantiene fiel a su espíritu. Actuaciones, efectos, secuencias de campeonato. Y, sobretodo, una película bien escrita y aún mejor dirigida. Se rumora que era la última de la franquicia. Ojalá y no. Calificación: 8.5 y, hasta ahorita, la mejor del verano.

viernes, 24 de julio de 2015

¿Y si nos revaloramos como país?



¿Qué tenemos que hacer para revalorar el cine mexicano en nuestro propio país? Con la reciente noticia de la exhibición de un ciclo de cine negro mexicano en el MoMA en Nueva York, además de la confirmación de una materia dedicada a estudiar a profundidad las películas de El Santo en una universidad importante en Reino Unido, uno no puede evitar preguntarse si todo lo que pasa alrededor del cine nacional en el extranjero no es una lección más –sí, una más– de que, como público, algo estamos haciendo mal que no nos permite generar una industria sustentable.

No se trata del romanticismo de llenar las salas de Pedro Infante, Sara García, Cantinflas o Mauricio Garcés –aunque no estaría de más aventarnos en pantalla grande algunos de los clásicos de Joaquín Pardavé, Miroslava o Dolores del Río–, sino de un síntoma interesante de la revaloración que le damos a nuestro cine como elemento de identidad cultural y reconocimiento a cuando nuestro país sí era, en todos los sentidos, una nación cinematográfica digna de atención. Las películas clásicas de la llamada época de oro del cine mexicano parecen condenadas a vivir en la televisión por cable, con un canal dedicado a dichas producciones que, cada vez más, disminuye su audiencia conforme pasan los años. Y mientras tenemos muchos de los más grandes y hermosos teatros para disfrutar del cine, nadie parece querer levantar la mano para aferrar la responsabilidad de llevar a las nuevas generaciones el cine que nos consintió como público durante unos 20 años antes de la debacle del cine de ficheras y la vulgaridad de videohomes que quisieron jugar a la comedia satírica y terminaron en el albur dicharachero.

En el mismo San Luis Potosí existe la Cineteca Alameda, espacio que redefine la palabra “grandeza” en cuanto hablamos de teatros y me dio mucho gusto verla llena para un ciclo de cine de mafiosos que incluía Goodfellas y The Godfather entre otras cintas. Pero, ¿cuándo fue la última vez que se armó un ciclo homenaje a las grandes figuras del cine nacional de la década de los 50? ¿Dónde está la exigencia del público de ver en pantalla a sus grandes figuras? Se lo comento porque, como se puedan dar estas exigencias del público y, a la vez, esta revaloración de personajes de nuestra cultura audiovisual, podríamos también hablar de la construcción hasta de un género en nuestra cinematografía con tantas y tantas ventanas de oportunidad para biopics que, además, ya demostraron que pueden triunfar en taquilla como lo hiciera Cantinflas del director Sebastián del Amo.

Entonces, de nuevo les hago la pregunta. ¿Es responsabilidad de quién el revalorar nuestra industria cinematográfica desde sus orígenes y rendirle homenaje a nuestra historia? Pues sí, como se podrán imaginar, mi creencia es que la responsabilidad es del público que tiene en sus manos la posibilidad no sólo de disfrutar, sino de exigir el cine que quiere y puede ver en enorme cantidad de lugares. No sólo existen las dos grandes cadenas, sino que hay una fuerte cantidad de abanicos de presentación. Y, entonces, conforme recuperemos la capacidad de identidad de nuestro cine nacional, quizá podamos reconstruir una industria que ya existió y que, además, probó una fórmula exitosa en su momento. Sólo se trata de reconfigurar esa fórmula pero sin que olvidemos nuestra historia. Vaya... es la adaptación cinematográfica de que los rascacielos del futuro se construyen con las piedras del pasado.


ULTIMAS TOMAS

Arrancó el Guanajuato International Film Festival. A mi gusto el festival de cine más importante de este país. Proyección de La Maldad de Joshua Gil anunciada. Y me sigo preguntando cuándo llegará a la exhibición comercial una cinta tan bien hecha.

Se anunció secuela de Jurassic World, demostrando que somos capaces de consumir cualquier porquería y hasta sus segundas partes.


Recomendación de la semana: Se las debo. Anduve de viaje y no pude llegar a funciones de prensa. Pero colegas en los que confío coinciden que Pixels es una porquería. Así que tengan cuidado de acercarse a ella.   

viernes, 17 de julio de 2015

Preguntas sin respuesta. EFICINE

Nos quedamos pendientes con el tema de la corrupción del EFICINE en los últimos años hace unas semanas. Y es que en medio de todo lo que ha estado pasando en el mundo del cine, con premiaciones, nominaciones, proyectos anunciados y la vorágine del verano cinematográfico que nomás no termina de arrancar, se nos fueron los días hablando de otros temas. Pero es momento de meterle un poco de fuerza al asunto y hacernos una serie de preguntas que, si tenemos suerte, alguien tendrá respuestas para que se aclare un poco del asunto. ¿Listos?


¿Por qué se crea una ley con huecos que se aprovecharán al primer intento? Durante los primeros años de la ley se abrió la posibilidad de que el contribuyente pudiera recibir participación de la película que apoya, siempre y cuando fuera un contrato entre particulares. Esto fue aprovechado por empresas para aplicar, básicamente, un “a mi me regresas X porcentaje de mi inversión”. Incluso ha habido empresas que llegan a solicitar la recuperación 1 a 1 de su aportación, convirtiendo su contribución fiscal en una inversión. Es más, una de las frases más utilizadas por productores que piden este apoyo a empresas es “convertimos tu pasivo fiscal en un activo”, lo que genera un claro fraude fiscal permitido por medio de contratos que no quedan ligados a la producción de la película y, por ende, no son auditables por el IMCINE. En otros países con sistemas de estímulos similares, intentos así han terminado con condenas por fraude a las empresas que intentaron cometerlos. Aquí... bueno, ¿qué le digo?


¿Quién decide los estímulos específicos que terminan en otras películas? Es sabido por todos que los comités de autorización tienen decisión discrecional sobre los proyectos sujetos a la aprobación de sus estímulos. Lo que nadie sale a decir es que, en muchas ocasiones, quienes realizan toda la gestión, búsqueda, carpetas, presentaciones y relaciones entre la película interesada y el contribuyente, terminan sin los recursos porque “alguien” en el comité del IMCINE decide que mejor caerán los recursos en regla de X contribuyente a la película de alguien más, causando entonces que el contribuyente accede a este beneficio pero que la película que los buscó se queda sin los recursos solicitados. Vaya, el productor termina haciéndole la chamba a alguien más por una intromisión del comité del IMCINE con los contribuyentes de manera directa. El comité no es auditable. ¿Cuándo lo será?


¿Cómo se impulsa la distribución? Se estrenó el EFICINE para la distribución de películas y seguimos esperando que se estrenen cintas de hace tres años en fondos entregados. ¿No era la meta impulsar la distribución de las cintas a través de este nuevo estímulo “corregido y aumentado”? ¿Por qué seguimos viendo lanzamientos de películas que dependen enteramente de las redes sociales de los involucrados publicando la mísera lista de 10 o 15 salas donde se puede ver la cinta durante unos pocos días antes de que salga de cartelera? ¿Y la equidad de pantallas para cuándo?


¿Por qué se siguen entregando recursos a proyectos de directores y productores que han fracasado constantemente en taquilla? Uno de los lineamientos es cumplir con una proyección comercial que permita la generación de una industria sustentable y sana en el séptimo arte de nuestro país. Entonces, ¿cómo es posible que se sigan apoyando a productoras que han demostrado no tener la más mínima idea de lo que se debe realizar en cine y que, en lugar de impulsar la industria nacional, siguen alejando al público con proyectos que rayan en lo lamentable? Es entendible lo atractivo de la “ventanilla única”, pero el comité técnico debería poner especial atención a proyectos que nacen fracasados. Porque bien decía Einstein que la definición de la locura era hacer lo mismo una y otra vez y esperar distintos resultados. Aunque si le entramos a la sospecha, vuelvo a preguntar, ¿quién audita al comité técnico?


Preguntas siguen surgiendo. Y mientras, proyectos siguen sin estrenarse o, peor aún, estrenándose a cuenta gotas. Y el cine nacional sigue siendo una industria de supervivencia y no de sustentabilidad.



ULTIMAS TOMAS

El MoMA en Nueva York presentará un ciclo de cine negro mexicano. Como siempre, la industria extranjera hace las cosas que aquí seguimos ignorando.


Se está trabajando en una alianza con Colombia para realizar coproducciones con México. Habrá que ver los resultados y el proyecto. Promete.



Recomendación de la semana: Ant-Man. Arranca la tercera fase del Marvel Cinematographic Universe con una cinta que puede parecer más pequeña que las grandes Avengers o Iron Man. No se dejen engañar. Aunque parezca más pequeña, es una gran película que demuestra que Marvel hace mucho tiempo le comió el mandado a DC Comics en cuanto a adaptaciones cinematográficas se refiere. Calificación: 8.5

viernes, 19 de junio de 2015

¿Nos une o nos divide el cine mexicano?

En los últimos días, en diferentes programas de televisión y de radio, una pregunta ha aparecido en más de tres o cuatro ocasiones mientras estoy viendo o escuchando. ¿Qué nos une como mexicanos? Obviamente, dependiendo del tema en cuestión del programa mismo, los que están en el panel de invitados terminan hablando de diferentes cosas. Ya sea que nos una el idioma según unos, la insatisfacción gubernamental, según otros o hasta la comida según algunos más, la realidad es que hay tantas cosas que nos unen como país que de pronto me pregunté, ¿por qué el cine no nos une como país? Y es que de las pocas cosas que podemos tener clara en esta especulación nacionalista es que nuestro cine no nos une, sino más bien nos divide o, en el peor de los escenarios, nos une en contra de la industria del cine nacional. ¿Por qué estamos tan empeñados en dividir nuestra industria cultural cuando podríamos tener una de las industrias más fuertes económicamente?


Unos datos para que entendemos el contexto nos vienen bien. De entrada, México es el país consumidor de cine más importante de América Latina. Al menos así se refleja en cantidad de pantallas en el país, pues se tiene una pantalla por cada 23 mil habitantes. El que más cerca nos sigue la pista es Brasil que cuenta con una pantalla por cada 85 mil habitantes, por lo que entendemos que la diferencia es bastante. Sin embargo, esto no significa que tengamos una cobertura total cinematográfica ya que se calcula que arriba del 40% de la población en México no tiene una sala de cine en su localidad. Entonces, ¿somos o no somos un país unido en el cine? La realidad es que si uno revisa las estadísticas de la pantalla se da cuenta que el 89%  de las cintas que exhibimos en México son películas provenientes del vecino país del norte. Y no, no los voy a marear con el tema del TLC y la obligatoriedad de nuestro país para pasar sus películas, pero sí es sintomático darnos cuenta que los mexicanos vemos mucho cine pero vemos poco cine mexicano.


Si bien nos unimos en todos los frentes que podemos como país, incluso los más negativos, también es un hecho que lo más cercano a unión que tenemos en cuanto al tema de la industria cinematográfica nacional es el rechazo inmediato de lo que se produce en México. Y ¿de quién es la culpa de esto? Muchos se desgarran por culpar a un gobierno que no tiene la más mínima idea de cómo contrarrestar el avance del cine internacional en nuestras salas, llegando a catalogarlo con el dramático y exageradísimo título de “colonialismo cultural”, mientras que otros se encargan de culpar a las exhibidoras por una completa competencia desleal frente a películas taquilleras como Los Vengadores, 50 Sombras de Grey y otro tipo de títulos que vienen generados de una industria que entiende el significado de esa palabra. Pero, ¿quién culpa a los productores y directores? Me consta que talento en guionistas tenemos de sobra y mucho de ello lo podemos ver en las filas del teatro que se han visto forzados a engrosar debido a una miserable cantidad de oportunidades para el desarrollo de películas de calidad. No existen productoras en México encargadas de financiar o apoyar proyectos de manera constante, convirtiendo la experiencia y la tarea de hacer cine en nuestro país en un verdadero viacrucis para quienes realizar una película se convierte en ardua labor de hasta tres o cuatro años por cada cinta, periodo en el que en otras industrias directores realizan hasta 4 películas. Pero, ¿cómo podemos culpar a un gobierno o a empresas privadas si los productores no están haciendo lo que les corresponde? ¿Qué les corresponde? Crear películas que apelen al público masivo y dejar de querer educar al público con cintas que sólo están hechas para apaciguar el ego y la soberbia. Es decir, los directores actuales tienen que dejar de creer que el público mexicano es idiota y empezar a entender lo que quieren ver y lo que les gusta ver. Sólo así podremos generar un movimiento que termine por incluir a exhibidores, distribuidores e instituciones gubernamentales en el crecimiento de la industria nacional.


Sí, por supuesto necesitamos al público en las salas. Se necesita que el público de un salto de fe con las producciones mexicanas de la misma forma que lo dan con otras producciones alrededor del mundo, pero ¿cuántos saltos de fe se pueden pedir si la gran mayoría de las veces, quienes dan el salto terminan dándose de lleno en la cara con una caída que bien pudieron haber evitado? Es hora de que productores y directores tomen la batuta. Y que empiecen a ver a la industria cinematográfica como un negocio sustentable y no como una plataforma para expresar sus más absolutos caprichos y traumas infantiles. Porque sí, muchos de esos traumas generan cine que, bien visto, pueden tener una calidad narrativa impactante. Pero como en cualquier industria que depende de un público, si el público no supera los cuatro pelados, no se puede ni llamar público ni llamar industria.



La recomendación de la semana: Intensa-Mente. Pixar lo vuelve a hacer y nos da lo que puede ser la película del año en cuanto a animación.

sábado, 16 de mayo de 2015

¿Y las propuestas para el cine?


A ver, vamos a meternos en política, cuando normalmente hablamos de cine por aquí, pero es que con tanto Vengador y ahora un loco en las carreteras, la realidad es que no hay mucho de qué hablar en cuanto a cine mexicano se refiere. A menos que nos salgamos de las salas y comencemos a ver lo que sucede o deja de suceder en nuestra industria. Y es que con tanto trajín electoral, de pronto surge una duda que no creo que nadie vaya a resolver o solucionar. ¿Quiénes están poniendo al cine en un lugar de sus plataformas políticas?


Este año se renuevan 9 gubernaturas. Entre ellas, Sonora, Baja California Sur, Campeche, Querétaro y San Luis Potosí se me ocurren como grandes lugares llenos de locaciones que bien podrían representar un nicho de oportunidad para la filmación de películas y la creación de Leyes de Apoyo y Fomento a la Producción Cinematográfica. Sonora, de hecho, tenía en manos de Alfredo Cabral y Sergio Cesaretti una oficina que funcionaba bastante bien en la materia y que, de pronto, dejé de escuchar noticias sobre producciones en el estado. Pero los demás no tienen una estrategia que apoye la producción de cintas en sus entidades federativas, lo que muestra una clara falta de visión de lo que se puede lograr a través de un correcto fomento a la producción. Y aquí, sin ánimos de querer escribir menos y aplicar un copy-paste, les dejo una parte de un artículo que hace un par de años escribí y que sigue sin tener respuesta alguna.


Aquí una propuesta que, espero, encuentre eco en algunos y se multiplique para buscar como sociedad un impulso al séptimo arte y la cultura.


Secretaría de Turismo. A través de impulso y apoyos de participación en especie, la Secretaría de Turismo debería impulsar a productores independientes que tengan un proyecto en el que se muestre un México que a todos se nos antoje conocer. Locaciones nos sobran en el país y si SECTUR se involucrara podría involucrarse en el otorgamiento de permisos, además de apoyo en transportación y hospedaje para las producciones. Además, a través del CPTM, se pueden realizar fam-trips para medios internacionales especializados en cine a las producciones de las cintas en las locaciones seleccionadas.


Secretaría de Economía. A través de Proméxico se debería impulsar la exportación del cine y su inclusión en los tratados internacionales que México firma y ha firmado. En el TLC, por ejemplo, Estados Unidos incluyó su cine como obligatoriedad de proyección en nuestro país, razón por la que tenemos tantos estrenos del vecino del norte. ¿El mexicano? Obviamente “se les olvidó” ponerlo en el proyecto. El programa Proméxico AV es un tanto irreal para el impulso de una industria pues para aspirar a él, el presupuesto de la película debe estar por encima de los 70 millones de pesos. Les reto a que mencionen 5 películas mexicanas que hayan gastado eso. Aquí también debería entrar Relaciones Exteriores.


Secretaría de Desarrollo Social. ¿Qué pasa si uniéramos fuerzas con SEDESOL para crear una base de empleos temporales en comunidades donde llegamos a filmar? Además, se podría desarrollar un proyecto en el que, junto con la dependencia federal, se desarrollen espacios dedicados a la cultura en dichos lugares y que sirvan para dejar una huella social en donde se llevan a cabo las filmaciones. De tal forma no sólo se realizaría una base de empleo temporal por semanas de filmación, sino por construcción y desarrollo de comunidades, de la mano de ONG’s e iniciativa privada.


Aquí una idea para ver si se adaptan a las plataformas de gobierno estatal. ¿Usted le ha escuchado algo a su candidato? Yo no. Y no creo que lo escuchemos, porque para ellos el cine sigue siendo “un entretenimiento” y no una industria que puede generar empleos, bienestar y la reconstrucción del tejido social a través de la cultura.


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Diego Luna tendrá un papel protagónico en la cinta Star Wars: Rogue One. Una prueba de que aquí la industria queda corta y que alguien con talento y mucha disciplina puede llegar muy lejos. Aunque siempre habrá detractores.


Alfonso Cuarón y Guillermo Del Toro están presentes en los Festivales de Cine más importantes del mundo. El primero como presidente del jurado en Venecia. El segundo como parte del jurado de Cannes. Además, Del Toro lanzó el trailer de su nueva cinta, Crimson Peak con la que regresa a sus orígenes. Si no lo han visto, búsquenlo.



Recomendación de la semana: Mad Max: Furia en el Camino. La cuarta cinta de este personaje que Mel Gibson interpretó en los 80 llega 30 años después de su última entrega. Una verdadera joya para los amantes del género. Y, quizá, la mejor película en lo que va del 2015 en cuanto a acción se refiere.  

viernes, 1 de mayo de 2015

¿A QUIÉN CARAJO LE IMPORTA EL PREMIO PECIME?

¿Se acuerda que hace unas semanas hablamos de las nominaciones ridículas de los premios PECIME? Bueno, ¿y si les digo que los premios ya fueron anunciados, entregados y festejados? ¿Usted se enteró? ¿Siguió la transmisión en televisión con alfombra roja, entrevistas, chistes y hasta selfies? No, ¿verdad? ¿Por qué? Porque a México, como industria cinematográfica, le tiene sin cuidado lo que pase con los premios de su cine. Y este premio, por más absurdas y ridículas que hayan sido las nominaciones, es el equivalente en nuestro país a los Globos de Oro. Pero nos tiene sin cuidado. ¿Es esto un termómetro de lo que pasa con el cine mexicano en su totalidad?


Sí, sí lo es. Mientras en Alemania, Francia, España, Estados Unidos, Inglaterra y otros países los premios tienen un significado y una trascendencia visible, en nuestro país parece que estamos empeñados en tirar al olvido y la ignorancia cualquier esfuerzo que se haga en términos de los reconocimientos de nuestro séptimo arte. No existe un solo proyecto que apunte a que las ceremonias de entrega de premios como PECIME o los Arieles tenga una cobertura digna de una industria que genera miles de millones de pesos en taquilla cada año y que, año con año, genera decenas de premios para cineastas nacionales que triunfan en todo el mundo mientras aplican la triste realidad de no ser profetas en su tierra.


¿Cómo podemos generar una industria financieramente sana si no involucramos en todas sus partes a los posibles inversionistas? En cada entrega del Oscar o del Globo de Oro que nos transmiten en cuanto canal pueda de nuestros sistemas de televisión de paga, podemos ver infinidad de patrocinios colocados de forma orgánica que van desde una pequeña pizzería –que tras su aparición en la ceremonia creció más de 400%– hasta marcas de joyas, ropa, refrescos o celulares. Aquí, las ceremonias parece que se esconden, que no se presumen, que deben guardarse en donde nadie vea a los directores y productores. Si no presumimos una industria con todos los posibles inversionistas que quieren ser parte del cine mexicano, ¿cómo entonces le hacemos para convencerlos de que sí vale la pena meterle un poquito de dinero a la producción de una cinta de terror o de acción en nuestro séptimo arte?


Se nos va otro año con las ceremonias llevadas a cabo en lo oscurito, con discursos que nadie escucha y homenajes que nadie disfruta. Y así, en medio de todo, el cine mexicano sigue intentando flotar en medio de un mar de estrenos norteamericanos que ahora ya saturan la pantalla desde abril y que alargan “el verano cinematográfico” hasta octubre, llenando las salas de cuanta película gringa se pueda y sin espacio para una cinta “ganadora” del premio PECIME porque, al final del día, ¿a quién carajos le importa el premio PECIME?


Recomendación de la semana: Avengers. Age of Ultron. Llegó al fin el estreno de esta cinta que cierra la segunda fase del universo cinematográfico de Marvel. Espectacular, emocionante y muy bien realizada. Tendremos superhéroes de Marvel para rato.





Twitter: @carlosdragonne

viernes, 17 de abril de 2015

¿Se nos está acabando la inteligencia?

En las últimas semanas ha habido un lanzamiento brutal de trailers y noticias importantes en la industria cinematográfica y muchos de ellos han sido sobre remakes, reinterpretaciones, secuelas o simples versiones machacadas sobre cosas que hemos visto, comprado, odiado o amado una y otra vez. Y, entonces, para rematar, nos llegan noticias de la casa Disney que termina por sacarme un poco de quicio con respecto a la poca creatividad que parece haber en el mundo del séptimo arte. Y no, tranquilos, no hablo de Star Wars. Porque aún no logro superar el estado catatónico de emoción que me dejó el estreno del nuevo trailer.


Dicen que el conocimiento es cíclico. Que las generaciones tienen que repetir una y otra vez el conocimiento que ha llevado a la construcción de la civilización. Por eso, conforme pasan los años, seguimos leyendo los mismos libros y teniendo, con sus respectivas actualizaciones, las mismas materias y los mismos planes de estudio en universidades y sistemas educativos alrededor del mundo. Porque, sin importar cuánto tiempo pase, Sócrates seguirá siendo Sócrates y Mozart no habrá cambiado nada –aunque haya por ahí ciertos esperpentos musicales que insistan en el intento–, porque importa para las nuevas generaciones, eso es lo que los hace clásicos.


Sin embargo, ¿en serio consideramos tan básico a Terminator que tengamos que recontar la historia? ¿Creemos que es necesarísimo rehacer Cinderella, Pinoccio, Dumbo y Beauty and the Beast con actores reales? ¿Por qué no mejor relanzar una edición especial de las cintas animadas que marcaron a tantas generaciones, sin importar los años que pasaban? ¿Será que estamos en medio de una generación que ya no aprecia los llamados clásicos y que no le da nada de importancia a algo que no tenga la fuerza del merchandising detrás? Me parece que es cierto. Si yo le contara la serie de respuestas que algunos alumnos (míos y de otro gran amigo) han dado cuando se les exige ver cintas como The Godfather, Gone With the Wind o Casablanca, le juro que se arrancaría los pelos del coraje.


En medio de una generación que glorifica a los niños del Cumbres o que llora amargamente porque un miembro de una boyband sin talento decide irse de solista, entonces me surge la pregunta aún más triste. ¿Para qué están rehaciendo los grandes clásicos como Blade Runner, Alien, All Quiet on the Western Front, Seven Samurai, Conan o Gremlins si, de cualquier manera, están ante una generación imbécil que aplaude sin sentido 50 Sombras de Grey y deja en el abandono literario la muerte de Günter Grass? ¿Será que, más bien, estamos por ver estos remakes sin la profundidad que le dieron sus versiones originales? Habrá que ver... yo por lo pronto, a riesgo de que me acusen de obsoleto, propongo un maratón de clásicos del cine noir empezando por un recorrido por las mejores de Humphrey Bogart y luego pasaremos al suspenso con las 10 mejores de Hitchcock. Obvio, este maratón será después de aventarme la trilogía original de Star Wars porque, después del lanzamiento del segundo avance, ¿quién puede resistir la tentación?


Recomendación de la semana: Una Noche para Sobrevivir. Jaume Collet-Serra le ha vuelto a dar al clavo con su actor fetiche, Liam Neeson. Pero ahora, más que acción trepidante –que sí existe–, hay mucho cuidado en los diálogos. Grandes secuencias cuando está Ed Harris en pantalla.



Twitter: @carlosdragonne

viernes, 10 de abril de 2015

PECIME y su ridícula lista de nominados.

Hoy sí ya no entiendo nada. Y es que, en medio de una lucha que lleva años por convertir a nuestro cine en una industria autosustentable, quienes deberían estar constantemente empujando porque sucedan las cosas de manera correcta, se avientan unas acciones que bien pueden caer en el anecdotario de lo estúpido más que si estuviéramos hablando de candidatos en plena campaña... y miren que los de SLP se han aventado unas que para qué las recordamos... pero déjenme les cuento por qué mi molestia.


Se dieron a conocer las nominaciones de los premios PECIME y las inscritas para competir por los Arieles, estas últimas la próxima semana tendremos ya detalle de quiénes resultaron nominados. Pero hablemos de los primeros que les comento. PECIME significa Periodistas Cinematográficos Mexicanos y organizan la entrega de las Diosas de Plata, el que quizá sea considerado como el segundo premio de la industria más importante (no creíble... importante) de nuestro país. Es bueno tener a la crítica cinematográfica premiando lo mejor de nuestro séptimo arte año con año, se dirá usted con toda seguridad y con toda calma, ¿cierto? Pues la realidad es que cada vez más, este premio parece hecho entre una camarilla de compadres que nomás no entiende lo que es el cine o, peor aún, y aquí es donde creo que está el meollo del asunto, ya invitan a cualquiera a ser parte de dicho club, porque cuando uno revisa la lista de nominados, nomás no le encuentra lógica.


Entiendo que Guten Tag, Ramón arrase con nominaciones no sólo aquí, sino en cualquier festival donde se presente, pues la cinta es una de esas joyas que aparecen en nuestras carteleras y de las que debería haber año con año más. Puedo, incluso, entender la presencia de Obediencia Perfecta, aunque no comparto que sea una cinta buena, sino más bien una cinta que se colgó de una historia que tenía garantizado el morbo y que decidió quedarse en la cobardía del anonimato y los nombres ficticios para no entrarle de lleno a la responsabilidad que el cine tiene de ser, también, un espejo de nuestro entorno y realidad. Pero, por el amor de todo lo que crean sagrado, ¿quién me explica por qué La Hija de Moctezuma está presente con cuatro nominaciones? ¿Quién me deshoja la margarita para entender una nominación de Actor Revelación a Andrés Bustamante por El Crimen del Cácaro Gumaro? ¿Quién me convence de que ¿Qué le dijiste a Dios? tiene más validez que, por ejemplo, Las Oscuras Primaveras, ignoradas completamente en las nominaciones?


Uno pensaría que es una ceremonia de burla cuando entre los nominados aparecen cantando Eduardo Manzano “El Polivoz” y María Elena Velasco “La India María” junto a Aleks Syntek o León Larregui. Y sí. Todo parece indicar que es una broma de mal gusto. Pero lo triste es que estos tipos se toman en serio una ceremonia que ha llegado al límite de la prostitución de las letras cinematográficas y de la palabra “periodismo”, entregando premios plagados de ignorancia en su origen y de franca estupidez en su resultado. Pero, eso sí, se llenan la boca con los nombres de Gabriel Figueroa, María Félix, Silvia Derbez, Emilio Fernández y Manuel Esperón para nombrar sus categorías. Hemos llegado al límite de la falta de profesionalismo en los mal llamados “periodistas” cinematográficos de México. Hemos llegado al absurdo. Hemos llenado las páginas del anecdotario de la estupidez. Y a ver si en los Arieles no seguimos la fórmula.


Recomendación de la semana: ¿En verdad? Quedarse en casa... No hay buenas películas esta semana de estreno. Busque Home si no pudieron verla la semana pasada. Una extraordinaria cinta de animación. O quédese en casa y espere el estreno de las series este domingo.



viernes, 3 de abril de 2015

Y usted, ¿cuánto dona al cine mexicano?

Ya se fue James Bond y nosotros nos quedamos igual. Igual con una industria que se la pasa aventando balas al aire para ver si, de alguna forma, por más sorpresiva, pega en algún punto del mercado o el gusto del público. Y sí me llama la atención porque en cualquier momento que prendía la televisión, la radio o abría un periódico online o tradicional, me topaba noticias hasta de doble plana con información de un helicóptero dando vueltas en el Zócalo con un doble de Daniel Craig pegándole a un doble de... otro actor. Pero, eso sí, reportes de todos lados, con todos los ángulos posibles, con reporteros enviados a la zona para ver qué encontraban, con fanáticos en Twitter buscando el autógrafo o el recuerdo de social media para el hecho. Y yo, mientras tanto, preguntándome: ¿cómo no quieren que nos vean como un país bananero?


No se enoje usted conmigo mientras lee esto, pero la realidad es que esta extraña reacción de todos en la industria y fuera de ella con la presencia de una filmación de Bond en la ciudad de México es un síntoma de lo poco que respetamos la industria fílmica y lo poco que nos importa lo que puede generar o dejar de generar nuestra industria como elemento que apoye la reconstrucción del tejido social a través de las pantallas. Me gustaría ver a medios de todo el país embelesados con la cobertura que le hicieron a Bond pero siguiendo los pasos de gente del cine nacional como Jorge Pérez quien está rompiendo récords de audiencia para una película mexicana en Alemania gracias a su cinta Guten Tag, Ramón, o entrevistas a directores de la talla de Joshua Gil que se llevó las palmas en La Berlinale con su ópera prima La Maldad.


La cobertura mediática genera, evidentemente, exposición. Y la exposición genera apoyos e impulsos a la industria o proyecto específico pues comienza a calentar el terreno dentro del público. No es una ciencia espacial lo que le estoy escribiendo: cualquier industria tiene una incontable cantidad de casos de éxito que comenzaron de esta forma. Entrevistas, cobertura, anuncios, comunicados y medios interesados en lo que está sucediendo o lo que se está creando. De esta forma, cuando el producto llega a los anaqueles, o en este caso a las pantallas, ya tiene a un público en espera de tomarlo, pagarlo y consumirlo a la brevedad. ¿Sabía usted que para poder realizar La Maldad, Joshua Gil tuvo que solicitar un préstamo personal al banco y dejar como garantía cualquier cantidad de cosas nomás para lograr terminar una cinta que, a pesar de los éxitos, aún no termina de pagar? ¿Sabía usted de la existencia de un proyecto hecho con corazón y creatividad, además de grandes talentos de la actuación llamado Bosco que está rascando y rogando a la gente conseguir 160mil pesos para terminar de producir una cinta con un presupuesto que, siendo francos, es el costo de una plana de esos periódicos que se han desgastado hasta el hartazgo cubriendo a un Bond falso porque el verdadero sólo grabo dos escenas el sábado? No, ¿verdad? Bueno, pues así las cosas en nuestra industria mientras todos miran hacia el Zócalo de la ciudad de México para ver a un helicóptero dar vueltas, espectáculo bastante pusilánime comparado con, digamos, un desfile militar que ni cubren tanto ni cuesta tanto dinero como el entregado al 007.


No se trata de no cubrir lo que sucede en la industria cinematográfica internacional cuando viene a México, cosa que pasa muy seguido, pues somos uno de los países que más recibe producciones internacionales año con año. Lo que se trata es que, como medios de información y como consumidores de esa información nos hagamos la pregunta “¿Qué está pasando con nuestro cine?” y que, después de eso, nos contestemos la pregunta hecha o, al menos, busquemos respuestas.


Usted, ¿ya donó a Bosco? Se lo pregunto porque, si no lo sabe, ya donó con algo de sus impuestos a Bond. Y no creo que el agente secreto más importante en la historia del cine le sirva de nada a la reconstrucción del tejido social y de la identidad cultural de México a través de la pantalla. Yo por eso, ya doné a Bosco. Y también a un chorro de proyectos más que se levantan desde abajo.


RECOMENDACIÓN DE LA SEMANA: Furious 7. Un final (quizá) digno a una saga que nació como un ejercicio de bajo alcance y que se convirtió en una de las sagas más importantes del cine. Un gran homenaje a Paul Walker.



PD. Ya se han filmado dos películas de James Bond en México antes. ¿Usted sabe cuáles son? Manden su mensaje por Twitter.

@carlosdragonne

sábado, 21 de marzo de 2015

La responsabilidad del público mexicano

En medio del escándalo Aristegui, del que no hablaré en este columna (o en ninguna otra porque aquí hablamos de cine... y eso que hay un drama digno de película de los 60), ambas partes han repetido una y otra vez la misma palabra. Palabra que llama mi atención y de la que platicamos en el noticiero con Héctor Trejo: responsabilidad. Y es que como público mexicano tenemos también una responsabilidad ineludible con la industria del séptimo arte que se hace en este país. ¿Qué tanto la estamos ejerciendo o qué tanto nos estamos haciendo patos? Les cuento por qué.

Ya hablamos de que el género de terror en México es, en términos de copias-recaudación, el que más dinero genera en la taquilla nacional. Y, sin embargo, los más grandes fracasos a nivel nacional de cine mexicano son películas de terror. Es decir que, si le ponemos al público mexicano películas de terror, sin importar la calidad de las mismas, extranjeras y con un buen marketing detrás, el público de nicho se desvive para llenar las salas y disfrutar –o, en su caso, destazar– la cinta en turno. Pero cuando le agregamos el factor “cine mexicano” a la mezcla, las salas quedan vacías y nadie se atreve a acercarse, por lo que es común que cintas mexicanas de terror apenas den el tan temido ‘semanazo’. Y es que el problema no sólo está en las cintas de terror. Si bien es el género donde se nota mucho más el prejuicio del público mexicano hacia lo producido en México, las comparativas de géneros no hacen más que mantener esa idea, incluso desde las oficinas de los distribuidores y exhibidores.

Si uno llega con un guión de terror o, incluso, una película de acción a las oficinas de los inversionistas o distribuidores, la primera respuesta que uno recibe es: “el público mexicano no ve películas mexicanas de esos géneros”. O, peor aún, se avientan la enorme respuesta de “es que en México no sabemos hacer cine de acción”. Y es que, al parecer, el público está creando la dinámica de castigar desde antes de su lanzamiento a los géneros que, de venir de otras latitudes, premia con, por lo menos, el beneficio de la duda. ¿De quién es la culpa de esta dinámica?

Sin duda parte de la culpa reside en los productores y directores que, en sus intentos por crear cine de terror o cine de acción en los últimos años han entregado bazofias como Morgana o El Libro de Piedra, por mencionar sólo algunas de las porquerías que he tenido que ver y que me hacen querer arrancarme los ojos de vez en vez. Pero, ¿acaso todo el cine de terror que viene de Estados Unidos o Asia es extraordinario y, por ende, garantía de calidad inequívoca? ¿Acaso los grandes blockbusters del cine de acción internacional son una absoluta fórmula de perfección narrativa y de entretenimiento? No lo creo porque, de ser así, de entrada yo no le escribiría estas líneas porque la figura de “crítico de cine” no sería necesaria de ninguna forma. Y, sin embargo, películas de muy cuestionable calidad terminan rebasando en México las taquillas de 20 películas nacionales juntas de las que, al menos la mitad, son bastante mejorcitas que el éxito en turno.

Esto nos lleva al segundo responsable del fenómeno del cine mexicano destinado al fracaso: el público. ¿No sería un buen ejercicio otorgarle a las producciones nacionales, al menos, el ya mencionado beneficio de la duda? Incluso hasta por una condición de solidaridad nos convendría pensar que con lo que se hace una cinta de terror mexicana, se paga apenas el 5% de cualquier cinta norteamericana de acción. Y si hacemos ese comparativo, lo que generó en taquilla a nivel mundial únicamente la cinta Skyfall (de la que ya hablamos un poco la semana pasada) equivale a casi el 90% del presupuesto total dedicado a la cultura en el Presupuesto de Egresos de la Federación en 2015.  Ahora, no se trata tampoco de ir y gastar el dinero a ciegas en el cine nacional sólo porque es ‘hecho en México’. Hemos hablado de ello. Pero tampoco se trata de que, por simple reflejo natural, al saber que una cinta de terror es mexicana, descartemos cualquier posibilidad de verla por un prejuicio que, entre más arraigado esté, menos futuro le augura a nuestra industria.

Recomendación de la semana: Amores Infieles (Third Person), una cinta muy al estilo de Paul Haggis, director también de Alto Impacto en donde las historias de varios personajes terminan por converger en medio de muchas visiones sobre el amor y las pasiones. Gran actuación (por fin) de Liam Neeson.


viernes, 13 de marzo de 2015

James Bond y México: Una inversión dorada

¿Por qué estamos tan enojados con el tema de los incentivos y el dinero dado a la producción de la nueva película de James Bond, “Spectre”? ¿Qué nos hace brincar y gritar en todas las posibles plataformas de redes sociales –porque nada más ahí se está moviendo la inconformidad– ante el hecho de que se le entregaron alrededor de 14 millones de dólares que venían, obviamente, con ciertas condiciones de modificación de guión y peticiones para mostrar la ciudad de México y a los mexicanos de una forma específica? ¿Qué tenemos en la mente que nos irrita que se haya exigido la contratación de una actriz mexicana reconocida, que terminó siendo Stephanie Sigman? ¿En serio somos de mente tan corta y de visión tan nublada?

A ver, claro... si me sacan la carta de la pobreza de millones de mexicanos, pues entonces podríamos pasar horas discutiendo pero, la realidad es que en un país de 60 millones de pobres, el dinero entregado alcanza para, apenas, otorgarle unos 23 centavos de dólar a cada uno de dicha estadística. Es decir que ni para la lata de Coca Cola les iba a alcanzar. Los programas sociales, contrario a lo que muchos puedan creer o pregonar –dos cosas que no siempre coinciden– tampoco son mágicos y son, de hecho, extremadamente caros, por lo que 14 millones de dólares no alcanzaba para mucho. Sí, podría haberse construido una escuela en alguna comunidad alejada en la sierra de Guerrero u Oaxaca para que, en unos meses, esté abandonada porque los “maestros” estén en la ciudad de México creando un caos absoluto por sus inconformidades imposibles. No, señores, ese dinero es un dinero muy bien gastado. Y les explico por qué.

El hecho de que la ciudad de México sea parte de los escenarios y la historia de la próxima película del agente secreto más famoso de la industria del cine –y el más longevo con 24 cintas ya hechas– genera una imagen positiva para México como un país digno de ser tomado en cuenta para inversiones de grandes estudios cinematográficos que vienen y dejan una derrama económica mucho mayor que la de esos 14 millones de dólares, de manera directa y de manera indirecta, pues no sólo estamos hablando del trabajo temporal que se crea para los miembros de la industria de la producción, sino que también hablamos de una campaña de promoción económica y turística que se generará de manera mundial y en escalas que no alcanzamos a comprender todavía. Para que usted se de una idea, nada más la última cinta de la saga rebasó los 1,100 millones de dólares en taquilla, lo que la convierte en la séptima cinta más taquillera de la historia del cine. Sí... así como lo lee. Imagine eso dividiéndolo entre el costo del cine para que saque un promedio de cantidad de gente que la vio. Y a eso hay que sumarle la cantidad de gente que la compró en formatos digitales o que la sigue viendo en plataformas de VOD como Netflix, Amazon Instant Video o Google Play, por mencionar solamente los internacionales.

Toda esa gente es la que va a estar viendo a nuestro país. ¿Le parece poco exigir que se le dé un tratamiento medianamente correcto a México y a los mexicanos por haber entregado 14 millones de dólares? O, pongámoslo de otra manera. ¿Le gustaría dar 14 millones de dólares para un proyecto y que, al final, usted apareciera como villano, narcotraficante, inculto, corrupto, mediocre y, además, víctima de asesinato? No, ¿verdad? Porque, si bien sabemos que en México hay mediocres incultos que por su corrupción terminan siendo villanos narcotraficantes que caen asesinados, también sabemos que el país se construye de mucha gente trabajadora que intenta no sólo dar una mejor imagen del país, sino construirle una mejor imagen al país. Y el cine es una de las herramientas más poderosas que existe para lograrlo.

Así que, la próxima vez que lea a alguien gritando y arrancándose las vestiduras porque se le otorgaron 14 millones de dólares a la producción de James Bond y que se les exigió que retrataran a México de una manera más positiva, sólo piense que además de ser un lineamiento profundo en las historias del Agente 007 el recorrer el mundo en busca del enemigo en turno, la campaña de promoción que se acaban de anotar en el Gobierno del Distrito Federal y el Gobierno Federal es, en términos de costo-beneficio, una de las mejores inversiones hechas en el rubro de la marca país de México. Y mire que si algo nos hace falta es atraer inversión y turismo. Ahora habrá que decirles que también apoyen al cine nacional, pero esa es harina no sólo de otro costal sino, al parecer, de otro molino completamente distinto y extremadamente lejano.


Recomendación de la Semana: Un Encuentro, extraordinaria película romántica francesa con François Cluzete y Sophie Marceau. Él, uno de los mejores actores de la actualidad. Ella, una de las mujeres más bellas que se han parado frente a una cámara.

viernes, 20 de febrero de 2015

(VIDEO) México en el Oscar y las ventanillas únicas

Otro año más y llega la ceremonia que, para los amantes del cine, representa básicamente el Super Tazón -yo amo la NFL también, así que celebro doble al arranque del año- y que, de nuevo, tiene a México presente en la ceremonia. De hecho, como nunca antes hay mexicanos nominados y, a diferencia del año pasado, sí está el cine mexicano presente, pero no en la forma de González Iñárritu o del Chivo Lubezki, sino en la forma de un cortometraje documental llamado “La Parka”, dirigido por Gabriel Serra, director nicaragüense que produjo esto como un proyecto universitario del Centro de Capacitación Cinematográfica. Y, la pregunta que anda rondando es, ¿servirá de algo para el cine mexicano y las instituciones alrededor de ella? 

México anda en modo austeridad. O, al menos, así lo dicen oficialmente con recortes al gasto público y reducciones en las expectativas de crecimiento. Frente a esto, los cineastas mexicanos han salido a declarar que esperan evitar recortes al presupuesto de CCC o, los más optimistas, que la nominación de “La Parka” debería lograr un aumento en los presupuestos culturales cinematográficos. Y sí… ya hemos discutido varias veces la importancia del cine como elemento de reconstrucción del tejido social a través de la cultura, pero también tenemos que ser honestos en cuanto a que la producción de un cortometraje exitoso no genera una sola consecuencia en las políticas públicas de cualquier gobierno de cualquier color. Ahí está la prueba con todo el trabajo creado por Jonathan Ostos Yaber, presente en -si mi cuenta no me falla- más de 200 festivales internacionales de animación con apenas 2 cortometrajes o, si hablamos de largometrajes, los trabajos de Sebastián del Amo, Joshua Gil, Gary Alazraki, Everardo Gout, Amat Escalante, Ernesto Contreras, Aarón Fernández o Catalina Aguilar.

Y todos los directores nombrados andan en todo tipo de género, desde las clásicas cintas mexicanas conceptuales que han ganado premios hasta hartarse, hasta el cine comercial que entretiene y mete dinero a raudales en las taquillas. Entonces, ¿por qué habríamos de esperar un cambio en la política económica cultural? La realidad es que se seguirá peleando contra viento y marea para hacer cine en México porque las prioridades son otras y muy variadas, pero también porque los cineastas mexicanos, en gran mayoría, siguen queriendo tener en el gobierno una ventanilla única de fondo perdido que les quite la responsabilidad de aprender a ser y hacer planes de negocio viables que les consiga socios que no sólo tiren el dinero, sino que se arriesguen con un proyecto que los convenza tanto por contenido como por probabilidades de ganancias. Porque, al final del día, se les olvida a muchos que van mendigando ventanillas únicas que el cine, de cualquier forma, es un negocio. 

¿Ayudará la nominación de “La Parka” a algo? No lo creo. ¿Debería? No lo creo. El cine necesita moverse hacia la autosustentabilidad y eso sólo se hace creando proyectos viables e inteligentes. ¿Espero que gane? Por supuesto, pues al final del día es un proyecto hecho con auténtica fortaleza y, aunque nicaragüense su director, el proyecto es mexicano y debería ser universal.

Recomendación de la semana: Siempre Alice, una cinta sobre el Alzheimer prematuro en la que Julianne Moore da una cátedra de actuación. Absurdo si no se lleva la estatuilla este domingo.