viernes, 31 de julio de 2015

¿CINE DE AUTOR O CINE DE ARTE?

Tengo que confesarles algo. Cuando alguien, en cualquier tipo de conversación, comenta sobre el cine utilizando la frase “es que el cine de arte es...” algo en mi causa escozor en el cerebro, se me funden las amígdalas y se me dilatan los poros de la frente nada más del coraje. Y es que esa frasecita de “cine de arte” que, incluso, se puede encontrar en las tiendas de películas o en los ya casi extintos videoclubs, es de las pequeñas muestras de que la comunicación en el cine es importante y una mala comunicación termina por agredir a un público novato. Por eso es que, si usted le busca, encontrará muy pocas “salas de arte” en el país y, por ende, muchos autores que no encajan en el cine comercial terminan viendo sus películas con una distribución que no pasa de las 10 copias, dejando a grandes talentos de la cinematografía perdidos entre deudas y vendiendo hasta el alma para pagar a los acreedores.


Partamos de un simple punto. El cine es un arte. El séptimo arte, de hecho. Y, aunque parezca un absurdo, todo el cine que se hace es arte. Bueno... casi todo, porque me niego a poner en esa categoría a basuras infumables como Transformers: Age of Extinction o hasta basuras extremadamente disfrutables –bajo la premisa del absurdo– como Sharknado 3 que, dicho sea de paso, cuando puedan denle una checada para reír con una de las cintas más ridículas que he tenido el placer de ver. (Ojo, la próxima semana hablaremos del eterno debate entre el cine malo y el cine absurdo, gracias a una conversación que sostuve la semana pasada con un buen amigo). Pero volviendo al tema que nos atañe esta semana, el cine es un arte en si mismo. Por supuesto, como diría Kubrick, es un arte 100% perfectible y que siempre tendrá errores en su desarrollo. Y miren que lo dijo un perfeccionista obsesivo, pesadilla de la sala de edición.


Como en cualquier forma de arte, nos enfrentamos a dos cosas fundamentales. En primer lugar, el hecho de que casi cualquiera puede acercarse y realizar un intento de expresión artística y, de hecho, llamarlo arte. Ahí están muchos ejemplos como Uwe Boll, Aaron Seltzer, Tyler Perry o Raja Gosnell, que lanzan sus bodrios pensando que serán grandes películas y nadie se acerca para decirles algo en el tono de “sí... apestas”. Pero de igual forma uno se puede topar en una galería famosa y prestigiosa a una mujer sentada en una mesa compartiendo un minuto de silencio con quien se siente frente a ella y hay quienes la llaman “la mejor artista viva”, cosa que sigo sin lograr entender, de la misma forma que no entiendo la existencia de Adam Sandler o David Hasselhoff. La segunda cosa a la que nos enfrentamos es, justamente, eso. Siempre habrá un espacio para un público que tenga mal gusto o, para decirlo de manera amable, siempre habrá alguien a quien le parezca necesaria la existencia de cintas como Jack & Jill o Viaje de Graduación.


Por otra parte, el cine de autor es un tema completamente diferente. Ese mal llamado “cine de arte” –título que, además, denota un esnobismo gigantesco ya sea del autor o de su distribuidor– es “de autor” porque hay una constante narrativa en el director que lo separa de los demás y que, además, podemos identificar en casi todas sus cintas como sello indiscutible. Ahí es donde pocos pueden entrar en la lista y donde en tan solo unos planos se puede definir si una cinta la hizo Hitchcock, Kubirck, Coppola, Tarkovsky, Tarantino, Lynch, Cronenberg, Craven, Allen, Burton, Romero, Carpenter, Bergman o Michael Bay. Sí... no se espanten... hablo del Michael Bay antes de Transformers, ese que tiene dos cintas bien merecidas en la exclusiva colección Criterion. Es ahí en donde se tiene que definir el cine de autor y dejar de llamarlo “cine de arte” porque, al final del día, el arte debe ser universal o, al menos, aspirar a serlo. Conozco pocas personas que puedan decir que Van Gogh no les gusta. Pero conozco aún menos que puedan decir que Offret, cinta icónica de Tarkovsky, es algo más que una tortura lenta y salvaje frente a la pantalla. Y le hablo de una ganadora de Cannes.


Así que, ya sabe, la próxima vez que alguien le invite a ver “cine de arte”, tiene dos opciones. Corregirlo y explicarle por qué se debe llamar diferente. O arriesgarse a tirar las palomitas cuando aparezca en pantalla algo como El Niño de Piedra.



ULTIMAS TOMAS

Paramount Pictures acaba de dejar caer la noticia que tiene a muchos babeando. Están considerando distribuir y producir cine mexicano. Calmen las cabras, muchachos... dijo “creo que vendrá en los próximos años”. Ojalá así sea, pero hasta no ver...



Recomendación de la semana: Mission Impossible: Rogue Nation. Una saga que se mantiene fiel a su espíritu. Actuaciones, efectos, secuencias de campeonato. Y, sobretodo, una película bien escrita y aún mejor dirigida. Se rumora que era la última de la franquicia. Ojalá y no. Calificación: 8.5 y, hasta ahorita, la mejor del verano.

viernes, 24 de julio de 2015

¿Y si nos revaloramos como país?



¿Qué tenemos que hacer para revalorar el cine mexicano en nuestro propio país? Con la reciente noticia de la exhibición de un ciclo de cine negro mexicano en el MoMA en Nueva York, además de la confirmación de una materia dedicada a estudiar a profundidad las películas de El Santo en una universidad importante en Reino Unido, uno no puede evitar preguntarse si todo lo que pasa alrededor del cine nacional en el extranjero no es una lección más –sí, una más– de que, como público, algo estamos haciendo mal que no nos permite generar una industria sustentable.

No se trata del romanticismo de llenar las salas de Pedro Infante, Sara García, Cantinflas o Mauricio Garcés –aunque no estaría de más aventarnos en pantalla grande algunos de los clásicos de Joaquín Pardavé, Miroslava o Dolores del Río–, sino de un síntoma interesante de la revaloración que le damos a nuestro cine como elemento de identidad cultural y reconocimiento a cuando nuestro país sí era, en todos los sentidos, una nación cinematográfica digna de atención. Las películas clásicas de la llamada época de oro del cine mexicano parecen condenadas a vivir en la televisión por cable, con un canal dedicado a dichas producciones que, cada vez más, disminuye su audiencia conforme pasan los años. Y mientras tenemos muchos de los más grandes y hermosos teatros para disfrutar del cine, nadie parece querer levantar la mano para aferrar la responsabilidad de llevar a las nuevas generaciones el cine que nos consintió como público durante unos 20 años antes de la debacle del cine de ficheras y la vulgaridad de videohomes que quisieron jugar a la comedia satírica y terminaron en el albur dicharachero.

En el mismo San Luis Potosí existe la Cineteca Alameda, espacio que redefine la palabra “grandeza” en cuanto hablamos de teatros y me dio mucho gusto verla llena para un ciclo de cine de mafiosos que incluía Goodfellas y The Godfather entre otras cintas. Pero, ¿cuándo fue la última vez que se armó un ciclo homenaje a las grandes figuras del cine nacional de la década de los 50? ¿Dónde está la exigencia del público de ver en pantalla a sus grandes figuras? Se lo comento porque, como se puedan dar estas exigencias del público y, a la vez, esta revaloración de personajes de nuestra cultura audiovisual, podríamos también hablar de la construcción hasta de un género en nuestra cinematografía con tantas y tantas ventanas de oportunidad para biopics que, además, ya demostraron que pueden triunfar en taquilla como lo hiciera Cantinflas del director Sebastián del Amo.

Entonces, de nuevo les hago la pregunta. ¿Es responsabilidad de quién el revalorar nuestra industria cinematográfica desde sus orígenes y rendirle homenaje a nuestra historia? Pues sí, como se podrán imaginar, mi creencia es que la responsabilidad es del público que tiene en sus manos la posibilidad no sólo de disfrutar, sino de exigir el cine que quiere y puede ver en enorme cantidad de lugares. No sólo existen las dos grandes cadenas, sino que hay una fuerte cantidad de abanicos de presentación. Y, entonces, conforme recuperemos la capacidad de identidad de nuestro cine nacional, quizá podamos reconstruir una industria que ya existió y que, además, probó una fórmula exitosa en su momento. Sólo se trata de reconfigurar esa fórmula pero sin que olvidemos nuestra historia. Vaya... es la adaptación cinematográfica de que los rascacielos del futuro se construyen con las piedras del pasado.


ULTIMAS TOMAS

Arrancó el Guanajuato International Film Festival. A mi gusto el festival de cine más importante de este país. Proyección de La Maldad de Joshua Gil anunciada. Y me sigo preguntando cuándo llegará a la exhibición comercial una cinta tan bien hecha.

Se anunció secuela de Jurassic World, demostrando que somos capaces de consumir cualquier porquería y hasta sus segundas partes.


Recomendación de la semana: Se las debo. Anduve de viaje y no pude llegar a funciones de prensa. Pero colegas en los que confío coinciden que Pixels es una porquería. Así que tengan cuidado de acercarse a ella.   

viernes, 17 de julio de 2015

Preguntas sin respuesta. EFICINE

Nos quedamos pendientes con el tema de la corrupción del EFICINE en los últimos años hace unas semanas. Y es que en medio de todo lo que ha estado pasando en el mundo del cine, con premiaciones, nominaciones, proyectos anunciados y la vorágine del verano cinematográfico que nomás no termina de arrancar, se nos fueron los días hablando de otros temas. Pero es momento de meterle un poco de fuerza al asunto y hacernos una serie de preguntas que, si tenemos suerte, alguien tendrá respuestas para que se aclare un poco del asunto. ¿Listos?


¿Por qué se crea una ley con huecos que se aprovecharán al primer intento? Durante los primeros años de la ley se abrió la posibilidad de que el contribuyente pudiera recibir participación de la película que apoya, siempre y cuando fuera un contrato entre particulares. Esto fue aprovechado por empresas para aplicar, básicamente, un “a mi me regresas X porcentaje de mi inversión”. Incluso ha habido empresas que llegan a solicitar la recuperación 1 a 1 de su aportación, convirtiendo su contribución fiscal en una inversión. Es más, una de las frases más utilizadas por productores que piden este apoyo a empresas es “convertimos tu pasivo fiscal en un activo”, lo que genera un claro fraude fiscal permitido por medio de contratos que no quedan ligados a la producción de la película y, por ende, no son auditables por el IMCINE. En otros países con sistemas de estímulos similares, intentos así han terminado con condenas por fraude a las empresas que intentaron cometerlos. Aquí... bueno, ¿qué le digo?


¿Quién decide los estímulos específicos que terminan en otras películas? Es sabido por todos que los comités de autorización tienen decisión discrecional sobre los proyectos sujetos a la aprobación de sus estímulos. Lo que nadie sale a decir es que, en muchas ocasiones, quienes realizan toda la gestión, búsqueda, carpetas, presentaciones y relaciones entre la película interesada y el contribuyente, terminan sin los recursos porque “alguien” en el comité del IMCINE decide que mejor caerán los recursos en regla de X contribuyente a la película de alguien más, causando entonces que el contribuyente accede a este beneficio pero que la película que los buscó se queda sin los recursos solicitados. Vaya, el productor termina haciéndole la chamba a alguien más por una intromisión del comité del IMCINE con los contribuyentes de manera directa. El comité no es auditable. ¿Cuándo lo será?


¿Cómo se impulsa la distribución? Se estrenó el EFICINE para la distribución de películas y seguimos esperando que se estrenen cintas de hace tres años en fondos entregados. ¿No era la meta impulsar la distribución de las cintas a través de este nuevo estímulo “corregido y aumentado”? ¿Por qué seguimos viendo lanzamientos de películas que dependen enteramente de las redes sociales de los involucrados publicando la mísera lista de 10 o 15 salas donde se puede ver la cinta durante unos pocos días antes de que salga de cartelera? ¿Y la equidad de pantallas para cuándo?


¿Por qué se siguen entregando recursos a proyectos de directores y productores que han fracasado constantemente en taquilla? Uno de los lineamientos es cumplir con una proyección comercial que permita la generación de una industria sustentable y sana en el séptimo arte de nuestro país. Entonces, ¿cómo es posible que se sigan apoyando a productoras que han demostrado no tener la más mínima idea de lo que se debe realizar en cine y que, en lugar de impulsar la industria nacional, siguen alejando al público con proyectos que rayan en lo lamentable? Es entendible lo atractivo de la “ventanilla única”, pero el comité técnico debería poner especial atención a proyectos que nacen fracasados. Porque bien decía Einstein que la definición de la locura era hacer lo mismo una y otra vez y esperar distintos resultados. Aunque si le entramos a la sospecha, vuelvo a preguntar, ¿quién audita al comité técnico?


Preguntas siguen surgiendo. Y mientras, proyectos siguen sin estrenarse o, peor aún, estrenándose a cuenta gotas. Y el cine nacional sigue siendo una industria de supervivencia y no de sustentabilidad.



ULTIMAS TOMAS

El MoMA en Nueva York presentará un ciclo de cine negro mexicano. Como siempre, la industria extranjera hace las cosas que aquí seguimos ignorando.


Se está trabajando en una alianza con Colombia para realizar coproducciones con México. Habrá que ver los resultados y el proyecto. Promete.



Recomendación de la semana: Ant-Man. Arranca la tercera fase del Marvel Cinematographic Universe con una cinta que puede parecer más pequeña que las grandes Avengers o Iron Man. No se dejen engañar. Aunque parezca más pequeña, es una gran película que demuestra que Marvel hace mucho tiempo le comió el mandado a DC Comics en cuanto a adaptaciones cinematográficas se refiere. Calificación: 8.5