Ya
se fue James Bond y nosotros nos quedamos igual. Igual con una industria que se
la pasa aventando balas al aire para ver si, de alguna forma, por más
sorpresiva, pega en algún punto del mercado o el gusto del público. Y sí me
llama la atención porque en cualquier momento que prendía la televisión, la
radio o abría un periódico online o tradicional, me topaba noticias hasta de
doble plana con información de un helicóptero dando vueltas en el Zócalo con un
doble de Daniel Craig pegándole a un doble de... otro actor. Pero, eso sí, reportes
de todos lados, con todos los ángulos posibles, con reporteros enviados a la
zona para ver qué encontraban, con fanáticos en Twitter buscando el autógrafo o
el recuerdo de social media para el hecho. Y yo, mientras tanto, preguntándome:
¿cómo no quieren que nos vean como un país bananero?
No
se enoje usted conmigo mientras lee esto, pero la realidad es que esta extraña
reacción de todos en la industria y fuera de ella con la presencia de una
filmación de Bond en la ciudad de México es un síntoma de lo poco que
respetamos la industria fílmica y lo poco que nos importa lo que puede generar
o dejar de generar nuestra industria como elemento que apoye la reconstrucción
del tejido social a través de las pantallas. Me gustaría ver a medios de todo
el país embelesados con la cobertura que le hicieron a Bond pero siguiendo los
pasos de gente del cine nacional como Jorge Pérez quien está rompiendo récords
de audiencia para una película mexicana en Alemania gracias a su cinta Guten
Tag, Ramón, o entrevistas a directores de la talla de Joshua Gil que se llevó
las palmas en La Berlinale con su ópera prima La Maldad.
La
cobertura mediática genera, evidentemente, exposición. Y la exposición genera
apoyos e impulsos a la industria o proyecto específico pues comienza a calentar
el terreno dentro del público. No es una ciencia espacial lo que le estoy
escribiendo: cualquier industria tiene una incontable cantidad de casos de
éxito que comenzaron de esta forma. Entrevistas, cobertura, anuncios,
comunicados y medios interesados en lo que está sucediendo o lo que se está
creando. De esta forma, cuando el producto llega a los anaqueles, o en este
caso a las pantallas, ya tiene a un público en espera de tomarlo, pagarlo y
consumirlo a la brevedad. ¿Sabía usted que para poder realizar La Maldad,
Joshua Gil tuvo que solicitar un préstamo personal al banco y dejar como
garantía cualquier cantidad de cosas nomás para lograr terminar una cinta que,
a pesar de los éxitos, aún no termina de pagar? ¿Sabía usted de la existencia de
un proyecto hecho con corazón y creatividad, además de grandes talentos de la
actuación llamado Bosco que está rascando y rogando a la gente conseguir 160mil
pesos para terminar de producir una cinta con un presupuesto que, siendo
francos, es el costo de una plana de esos periódicos que se han desgastado
hasta el hartazgo cubriendo a un Bond falso porque el verdadero sólo grabo dos
escenas el sábado? No, ¿verdad? Bueno, pues así las cosas en nuestra industria
mientras todos miran hacia el Zócalo de la ciudad de México para ver a un
helicóptero dar vueltas, espectáculo bastante pusilánime comparado con,
digamos, un desfile militar que ni cubren tanto ni cuesta tanto dinero como el
entregado al 007.
No
se trata de no cubrir lo que sucede en la industria cinematográfica
internacional cuando viene a México, cosa que pasa muy seguido, pues somos uno
de los países que más recibe producciones internacionales año con año. Lo que
se trata es que, como medios de información y como consumidores de esa
información nos hagamos la pregunta “¿Qué está pasando con nuestro cine?” y
que, después de eso, nos contestemos la pregunta hecha o, al menos, busquemos
respuestas.
Usted,
¿ya donó a Bosco? Se lo pregunto porque, si no lo sabe, ya donó con algo de sus
impuestos a Bond. Y no creo que el agente secreto más importante en la historia
del cine le sirva de nada a la reconstrucción del tejido social y de la
identidad cultural de México a través de la pantalla. Yo por eso, ya doné a
Bosco. Y también a un chorro de proyectos más que se levantan desde abajo.
RECOMENDACIÓN
DE LA SEMANA: Furious 7. Un final (quizá) digno a una saga que nació como un
ejercicio de bajo alcance y que se convirtió en una de las sagas más
importantes del cine. Un gran homenaje a Paul Walker.
PD.
Ya se han filmado dos películas de James Bond en México antes. ¿Usted sabe
cuáles son? Manden su mensaje por Twitter.
@carlosdragonne
No hay comentarios.:
Publicar un comentario