Leo, en varios portales de
Internet que México se está convirtiendo en el nuevo paraíso para la producción
fílmica nacional e internacional debido a “los incentivos fiscales que se dan
para las producciones de esta industria” y, en realidad, me pregunto qué tan
cierto es esto pues estamos en medio de una vorágine de producciones que, si
bien nos pueden dar joyas cinematográficas como varias de las que se han
estrenado en los últimos meses, también hay un componente de corrupción y
opacidad que, al parecer, se ha convertido en política de la industria no
mencionar. Y como nos gusta armar mitote y ver si alguien en las altas esferas
hace un poco de caso, pues aquí les va mi opinión.
En primer lugar, tendríamos
que preguntarnos sobre los comités compuestos y formados para la aprobación de
esta búsqueda de apoyos pues nunca queda claro cuáles son las políticas y
protocolos que siguen quienes dan el visto bueno a las carpetas que se
presentan en los diferentes fideicomisos. De ahí que haya cintas –las menos afortunadamente–
que reciben millones de pesos para su producción y que, a la postre, nadie sabe
dónde está el dinero, dónde está la cinta y qué pasó con las sanciones a
quienes deberían haber entregado en tiempo y forma las películas terminadas. De
igual forma, parece que seguimos en la época del compadrazgo y el amiguismo
pues uno no puede entender, leyendo los lineamientos de las cintas, cómo hay
películas que reciben el apoyo o incentivo y que llegan a la cartelera, como
puede ser Morgana, Viaje de Generación, El Libro de Piedra, Ángel Caído, Fachon
Models, Me Late Chocolate y Canela, entre otras. De igual forma, nadie sabe
dónde están los estrenos de las cintas La María, La Cama, Misión Cumplida, Baño
de Damas o Mar de Fondo, todas estas apoyadas en el ejercicio fiscal de 2010,
lo que ya las pone dos años detrás de su límite para estreno y exhibición.
¿Dónde está el dinero de estas cintas? ¿A quién se lo dieron y por qué no hay
una persecución conforme a lo establecido en las leyes de la materia para recuperar
esa inversión?
En segundo lugar tenemos
ejemplos claros de cintas que han juntado su dinero y sus contribuyentes y que,
en las oficinas del Instituto Nacional de Cinematografía deciden no otorgarle
la aprobación pero que sí, al final del día, los ejecutivos del IMCINE deciden
repartir ese dinero en otras producciones, dejando a la gente que trabajó y que
buscó a los contribuyentes para venderles su cinta y su participación en la
misma, con un palmo de narices trabajando, básicamente, para alguien más,
porque ese alguien más tenía a los amigos en el lugar correcto en el momento
correcto. ¿Dónde queda la protección al trabajo realizado de found-raising por
parte de productores independientes en la industria nacional?
En tercer lugar, ¿hasta
cuándo seguirá permitiendo el IMCINE el mal uso de los impuestos de las
empresas que apoyan el cine nacional pero que, a través de los estímulos
fiscales, exigen a los productores un retorno de inversión como si fueran
capitalistas de riesgo y hasta derechos de explotación de sus cintas? Un
ejemplo claro de esto lo representa INBURSA, banco propiedad de Carlos Slim que
exige un retorno de inversión de 1 a 1 y, además, los derechos de explotación
en pantalla chica de las cintas que “apoya” con el Estímulo Fiscal dispuesto en
el artículo 189 de la ley del Impuesto Sobre la Renta. Al hacer esto, INBURSA
está incurriendo en un delito pero que no se persigue por los huecos que otorga
la ley (el contrato entre particulares que IMCINE no controla) y los
productores que lo aceptan en partícipes del estancamiento de la industria en
una dinámica no de proyectos viables, comerciales y con fondo, sino en un
esfuerzo de Relaciones Públicas y Personales para satisfacción de unos cuantos.
En cuarto y último lugar
(último por el momento y espacio), la ley sigue sin proteger el derecho de
exhibición de las cintas que, según los propios lineamientos del IMCINE han
cumplido a cabalidad (favor de no reírse aquí) con el requisito de ser cintas
comercialmente viables y con un futuro prometedor de retorno de inversión. Así,
tenemos películas que requirieron 20 millones para su realización pero que
resulta que apenas pueden juntar unos 500 mil pesos en taquilla, convirtiendo
al IMCINE en una especie de ventana única de recursos a fondo perdido de la que
productores y directores irresponsables, con la venía y complicidad de
autoridades cinematográficas, han hecho una fuente de dinero para sus arcas y
no para el mejoramiento de la industria.
Así las cosas, por lo que
eso de que México se esté convirtiendo en el nuevo paraíso de la producción
cinematográfica me parece un discurso irresponsable y una forma de taparle el
ojo al macho para no hablar de la explotación corrupta de unos cuantos de una
industria que está saturada de talentos perdidos en su agenda inexistente.
ÚLTIMAS TOMAS
Les juego una apuesta:
Cantinflas, del director Sebastián del Amo y con un guión de Edui Tijerina se
levantará con la estatuilla de Mejor Película Extranjera en los premios Oscar.
Y mire que se la merece con todas las de la ley.
La historia de la dignidad
perdida se cierra con broche de oro, tras la decisión de la Academia Mexicana
de Ciencias y Artes Cinematográficas de mandar La Dictadura Perfecta a competir
por el premio Goya. Se me ocurren 5 cintas con mejores y mayores méritos.
Recomendación de la semana:
Libéranos del Mal, una historia entre el suspenso y el terror que, aunque
algunos dicen que está en el desgastado género del terror, a mí me pareció
bastante bien realizada.
Esta semana en Cineteca
Alameda: Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote, una cinta documental
sobre la defensa de Wirikuta con una gran dirección de Hernán Vilchez.