viernes, 12 de septiembre de 2014

México: ¿Una industria boyante?

Leo, en varios portales de Internet que México se está convirtiendo en el nuevo paraíso para la producción fílmica nacional e internacional debido a “los incentivos fiscales que se dan para las producciones de esta industria” y, en realidad, me pregunto qué tan cierto es esto pues estamos en medio de una vorágine de producciones que, si bien nos pueden dar joyas cinematográficas como varias de las que se han estrenado en los últimos meses, también hay un componente de corrupción y opacidad que, al parecer, se ha convertido en política de la industria no mencionar. Y como nos gusta armar mitote y ver si alguien en las altas esferas hace un poco de caso, pues aquí les va mi opinión.



En primer lugar, tendríamos que preguntarnos sobre los comités compuestos y formados para la aprobación de esta búsqueda de apoyos pues nunca queda claro cuáles son las políticas y protocolos que siguen quienes dan el visto bueno a las carpetas que se presentan en los diferentes fideicomisos. De ahí que haya cintas –las menos afortunadamente– que reciben millones de pesos para su producción y que, a la postre, nadie sabe dónde está el dinero, dónde está la cinta y qué pasó con las sanciones a quienes deberían haber entregado en tiempo y forma las películas terminadas. De igual forma, parece que seguimos en la época del compadrazgo y el amiguismo pues uno no puede entender, leyendo los lineamientos de las cintas, cómo hay películas que reciben el apoyo o incentivo y que llegan a la cartelera, como puede ser Morgana, Viaje de Generación, El Libro de Piedra, Ángel Caído, Fachon Models, Me Late Chocolate y Canela, entre otras. De igual forma, nadie sabe dónde están los estrenos de las cintas La María, La Cama, Misión Cumplida, Baño de Damas o Mar de Fondo, todas estas apoyadas en el ejercicio fiscal de 2010, lo que ya las pone dos años detrás de su límite para estreno y exhibición. ¿Dónde está el dinero de estas cintas? ¿A quién se lo dieron y por qué no hay una persecución conforme a lo establecido en las leyes de la materia para recuperar esa inversión?



En segundo lugar tenemos ejemplos claros de cintas que han juntado su dinero y sus contribuyentes y que, en las oficinas del Instituto Nacional de Cinematografía deciden no otorgarle la aprobación pero que sí, al final del día, los ejecutivos del IMCINE deciden repartir ese dinero en otras producciones, dejando a la gente que trabajó y que buscó a los contribuyentes para venderles su cinta y su participación en la misma, con un palmo de narices trabajando, básicamente, para alguien más, porque ese alguien más tenía a los amigos en el lugar correcto en el momento correcto. ¿Dónde queda la protección al trabajo realizado de found-raising por parte de productores independientes en la industria nacional?



En tercer lugar, ¿hasta cuándo seguirá permitiendo el IMCINE el mal uso de los impuestos de las empresas que apoyan el cine nacional pero que, a través de los estímulos fiscales, exigen a los productores un retorno de inversión como si fueran capitalistas de riesgo y hasta derechos de explotación de sus cintas? Un ejemplo claro de esto lo representa INBURSA, banco propiedad de Carlos Slim que exige un retorno de inversión de 1 a 1 y, además, los derechos de explotación en pantalla chica de las cintas que “apoya” con el Estímulo Fiscal dispuesto en el artículo 189 de la ley del Impuesto Sobre la Renta. Al hacer esto, INBURSA está incurriendo en un delito pero que no se persigue por los huecos que otorga la ley (el contrato entre particulares que IMCINE no controla) y los productores que lo aceptan en partícipes del estancamiento de la industria en una dinámica no de proyectos viables, comerciales y con fondo, sino en un esfuerzo de Relaciones Públicas y Personales para satisfacción de unos cuantos.



En cuarto y último lugar (último por el momento y espacio), la ley sigue sin proteger el derecho de exhibición de las cintas que, según los propios lineamientos del IMCINE han cumplido a cabalidad (favor de no reírse aquí) con el requisito de ser cintas comercialmente viables y con un futuro prometedor de retorno de inversión. Así, tenemos películas que requirieron 20 millones para su realización pero que resulta que apenas pueden juntar unos 500 mil pesos en taquilla, convirtiendo al IMCINE en una especie de ventana única de recursos a fondo perdido de la que productores y directores irresponsables, con la venía y complicidad de autoridades cinematográficas, han hecho una fuente de dinero para sus arcas y no para el mejoramiento de la industria.



Así las cosas, por lo que eso de que México se esté convirtiendo en el nuevo paraíso de la producción cinematográfica me parece un discurso irresponsable y una forma de taparle el ojo al macho para no hablar de la explotación corrupta de unos cuantos de una industria que está saturada de talentos perdidos en su agenda inexistente.



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Esta semana en Cineteca Alameda: Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote, una cinta documental sobre la defensa de Wirikuta con una gran dirección de Hernán Vilchez.