Otro año más y llega la
ceremonia que, para los amantes del cine, representa básicamente el Super Tazón
-yo amo la NFL también, así que celebro doble al arranque del año- y que, de
nuevo, tiene a México presente en la ceremonia. De hecho, como nunca antes hay
mexicanos nominados y, a diferencia del año pasado, sí está el cine mexicano
presente, pero no en la forma de González Iñárritu o del Chivo Lubezki, sino en
la forma de un cortometraje documental llamado “La Parka”, dirigido por Gabriel
Serra, director nicaragüense que produjo esto como un proyecto universitario
del Centro de Capacitación Cinematográfica. Y, la pregunta que anda rondando
es, ¿servirá de algo para el cine mexicano y las instituciones alrededor de
ella?
México anda en modo
austeridad. O, al menos, así lo dicen oficialmente con recortes al gasto
público y reducciones en las expectativas de crecimiento. Frente a esto, los
cineastas mexicanos han salido a declarar que esperan evitar recortes al
presupuesto de CCC o, los más optimistas, que la nominación de “La Parka”
debería lograr un aumento en los presupuestos culturales cinematográficos. Y
sí… ya hemos discutido varias veces la importancia del cine como elemento de
reconstrucción del tejido social a través de la cultura, pero también tenemos
que ser honestos en cuanto a que la producción de un cortometraje exitoso no
genera una sola consecuencia en las políticas públicas de cualquier gobierno de
cualquier color. Ahí está la prueba con todo el trabajo creado por Jonathan
Ostos Yaber, presente en -si mi cuenta no me falla- más de 200 festivales
internacionales de animación con apenas 2 cortometrajes o, si hablamos de
largometrajes, los trabajos de Sebastián del Amo, Joshua Gil, Gary Alazraki,
Everardo Gout, Amat Escalante, Ernesto Contreras, Aarón Fernández o Catalina
Aguilar.
Y todos los directores
nombrados andan en todo tipo de género, desde las clásicas cintas mexicanas
conceptuales que han ganado premios hasta hartarse, hasta el cine comercial que
entretiene y mete dinero a raudales en las taquillas. Entonces, ¿por qué
habríamos de esperar un cambio en la política económica cultural? La realidad
es que se seguirá peleando contra viento y marea para hacer cine en México
porque las prioridades son otras y muy variadas, pero también porque los
cineastas mexicanos, en gran mayoría, siguen queriendo tener en el gobierno una
ventanilla única de fondo perdido que les quite la responsabilidad de aprender
a ser y hacer planes de negocio viables que les consiga socios que no sólo
tiren el dinero, sino que se arriesguen con un proyecto que los convenza tanto
por contenido como por probabilidades de ganancias. Porque, al final del día,
se les olvida a muchos que van mendigando ventanillas únicas que el cine, de
cualquier forma, es un negocio.
¿Ayudará la nominación de
“La Parka” a algo? No lo creo. ¿Debería? No lo creo. El cine necesita moverse
hacia la autosustentabilidad y eso sólo se hace creando proyectos viables e
inteligentes. ¿Espero que gane? Por supuesto, pues al final del día es un proyecto
hecho con auténtica fortaleza y, aunque nicaragüense su director, el proyecto
es mexicano y debería ser universal.
Recomendación
de la semana: Siempre Alice, una cinta sobre el
Alzheimer prematuro en la que Julianne Moore da una cátedra de actuación. Absurdo
si no se lleva la estatuilla este domingo.