viernes, 20 de febrero de 2015

(VIDEO) México en el Oscar y las ventanillas únicas

Otro año más y llega la ceremonia que, para los amantes del cine, representa básicamente el Super Tazón -yo amo la NFL también, así que celebro doble al arranque del año- y que, de nuevo, tiene a México presente en la ceremonia. De hecho, como nunca antes hay mexicanos nominados y, a diferencia del año pasado, sí está el cine mexicano presente, pero no en la forma de González Iñárritu o del Chivo Lubezki, sino en la forma de un cortometraje documental llamado “La Parka”, dirigido por Gabriel Serra, director nicaragüense que produjo esto como un proyecto universitario del Centro de Capacitación Cinematográfica. Y, la pregunta que anda rondando es, ¿servirá de algo para el cine mexicano y las instituciones alrededor de ella? 

México anda en modo austeridad. O, al menos, así lo dicen oficialmente con recortes al gasto público y reducciones en las expectativas de crecimiento. Frente a esto, los cineastas mexicanos han salido a declarar que esperan evitar recortes al presupuesto de CCC o, los más optimistas, que la nominación de “La Parka” debería lograr un aumento en los presupuestos culturales cinematográficos. Y sí… ya hemos discutido varias veces la importancia del cine como elemento de reconstrucción del tejido social a través de la cultura, pero también tenemos que ser honestos en cuanto a que la producción de un cortometraje exitoso no genera una sola consecuencia en las políticas públicas de cualquier gobierno de cualquier color. Ahí está la prueba con todo el trabajo creado por Jonathan Ostos Yaber, presente en -si mi cuenta no me falla- más de 200 festivales internacionales de animación con apenas 2 cortometrajes o, si hablamos de largometrajes, los trabajos de Sebastián del Amo, Joshua Gil, Gary Alazraki, Everardo Gout, Amat Escalante, Ernesto Contreras, Aarón Fernández o Catalina Aguilar.

Y todos los directores nombrados andan en todo tipo de género, desde las clásicas cintas mexicanas conceptuales que han ganado premios hasta hartarse, hasta el cine comercial que entretiene y mete dinero a raudales en las taquillas. Entonces, ¿por qué habríamos de esperar un cambio en la política económica cultural? La realidad es que se seguirá peleando contra viento y marea para hacer cine en México porque las prioridades son otras y muy variadas, pero también porque los cineastas mexicanos, en gran mayoría, siguen queriendo tener en el gobierno una ventanilla única de fondo perdido que les quite la responsabilidad de aprender a ser y hacer planes de negocio viables que les consiga socios que no sólo tiren el dinero, sino que se arriesguen con un proyecto que los convenza tanto por contenido como por probabilidades de ganancias. Porque, al final del día, se les olvida a muchos que van mendigando ventanillas únicas que el cine, de cualquier forma, es un negocio. 

¿Ayudará la nominación de “La Parka” a algo? No lo creo. ¿Debería? No lo creo. El cine necesita moverse hacia la autosustentabilidad y eso sólo se hace creando proyectos viables e inteligentes. ¿Espero que gane? Por supuesto, pues al final del día es un proyecto hecho con auténtica fortaleza y, aunque nicaragüense su director, el proyecto es mexicano y debería ser universal.

Recomendación de la semana: Siempre Alice, una cinta sobre el Alzheimer prematuro en la que Julianne Moore da una cátedra de actuación. Absurdo si no se lleva la estatuilla este domingo.






viernes, 13 de febrero de 2015

(VIDEO) ¿Quién aprueba estos proyectos?

Intento, en verdad, no hacer corajes cuando se trata de cine mexicano. De hecho, entro casi siempre con una ingenua esperanza de que todo está mejorando y que la industria de nuestro séptimo arte va en camino de convertirse en algo boyante. Ojo, no estoy hablando de todo nuestro cine, en especial no del que nos representa en festivales a nivel mundial, porque ese no es parte como tal de la industria, sino de la propuesta sociocultural a través de la pantalla, pero no genera números ni público para considerarlo -en mi perspectiva, al menos- como parte de la industria. Me refiero a ese cine comercial, de estreno en salas, cine de género que está hecho para el entretenimiento y la venta de boletos y que, de vez en vez -cada vez menos, eso sí- nos entrega una película digna pero que, mayormente, nos entrega pura basura. ¿Qué película me hizo enojar? Se llama "Malaventura" y, en verdad, levanta preguntas a las que no encuentro respuesta.


¿Cómo es posible que se aprueben estas producciones a realizarse con los estímulos de producción del IMCINE? ¿Quién es el que firma que proyectos como este vean la luz en las oficinas de Insurgentes? Y, peor aún, ¿en la cabeza de qué ejecutivo de distribuidora se llegó a la conclusión de que merecía una distribución importante cuando cintas como "Las Horas Muertas", "Cuatro Lunas" o "Las Oscuras Primaveras" tienen que mendigar salas como si los complejos le hicieran un favor al productor y no fuera completamente al revés? Estoy seguro que la aprobación de esta ópera prima que quiere ser una especie de "¿Qué pasó Ayer?" en versión tropicalizada y juvenil tiene que ver con la presencia de Miri Higareda y su más famosa hermana, pero aun así sigo sin entender un sentido de la misma. Y uno no quiere ser malpensado, pero también habría que preguntarse quién dentro del IMCINE está recibiendo el moche correspondiente de una cinta que, claramente, como "Morgana", "Fachon Models" y "Viaje de Generación", no debería de pasar el corte de "película con posibilidades -comerciales de recuperación" que establece el organismo para la entrega de sus fondos. Sin contar con el asunto de que sea una historia medianamente bien escrita.


Y no quiero que la censuren, porque hasta el mal cine sirve para algo, pero sí debería existir una transparencia en cómo se realizan estas decisiones cinematográficas que terminan por poner estas joyas de la bazofia en nuestras pantallas. Recuperar, al menos, el costo de lo entregado en taquilla, contar con un supervisor de producción que sepa de lo que se trata el cine en sí mismo, tener un verdadero tratamiento de guión... Se me ocurren varias ideas que servirían, pero creo que la más inmediata y, tristemente, la menos realizable, es limpiar un Instituto Mexicano de Cinematografía que se sigue rigiendo por el compadre, el amigo y el tío de quienes llevan un proyecto al que le otorgan una fuerte cantidad de dinero que, para empezar, ni siquiera se ve reflejada en pantalla. 


RECOMENDACION DE LA SEMANA: Selma. Una cinta sobre un momento clave en la lucha por la igualdad que encabezó Martin Luther King en Estados Unidos. La Academia la pasó por alto. Se merecía más nominaciones. 





viernes, 6 de febrero de 2015

(VIDEO) Y seguimos sin aprender de los vecinos…

¿Hacia dónde queremos llevar el cine mexicano? Me hago esta pregunta estando en Colorado, cerca de donde se está filmando la nueva cinta de Quentin Tarantino, TheHatefulEight y lo hago porque, evidentemente, se respira mucho cine en estos momentos por esta región de Estados Unidos. A partir de ahí, comenzó una plática de lo que se logra para los apoyos a la industria norteamericana por parte de condados –el equivalente a los municipios en nuestro país– y de estados para las filmaciones, eventos, estrenos y festivales, lo que hace que el cine norteamericano ande moviéndose sin parar todos los días en los cincuenta estados del país vecino. Por ejemplo, les cuento que uno de los festivales más importantes es el Telluride Film Festival, que este año se perfila para su edición número 42 y en el que te puedes encontrar en la calle dándo una plática para quienes quieran sentarse a escuchar a Werner Herzog, Alejandro González Iñárritu o Salman Rushdie. De este festival se desprenden muchas de las participantes en Sundance o Tribeca.

Por otro lado, si los proyectos lo ameritan, los estados y condados buscan apoyar y atraer filmaciones por la derrama económica que generan y por el inmediato beneficio que representa para la comunidad que termina trabajando en la producción en cuestión, de manera directa o indirecta, pues dependiendo del tamaño de cinta, estamos hablando de hospedaje, alimentación, entretenimiento, empleo temporal, promoción en medios, proyección nacional e internacional y hasta legado permanente para el lugar donde se haya realizado dicho proyecto. Vaya… si no fuera por Tarantino, yo no sabría de la existencia de Telluride, y miren que soy asiduo visitante de Colorado.

¿Y en México? Hace unos años intentamos convencer a cierto gobierno estatal de apoyar la producción de un documental que tenía como historia algo que el mismo gobierno tenía en su decálogo de acciones ciudadanas a resolver. Nos parecía lo más lógico que si se llenaban la boca en todos los discursos ello, acercarnos a ellos para buscar el desarrollo  de este proyecto sería, como dice un clásico, “pan molido”. Y sí, lo era. Siempre y cuando estuviéramos dispuestos a repartir en “moches” y “dádivas” para el gobernador y sus cuates, algo así como 5 veces el presupuesto total del proyecto entero. Aún me acuerdo y se me inflama el hígado del coraje. Pero es claro que nuestra industria seguirá supeditada a quienes toman decisiones no por el bien de la industria misma, sino por el de sus carteras, sin importar los beneficios, pocos o muchos, que pueda generar atraer inversión cinematográfica a sus estados. Ahí están los casos de Guerrero y Durango, anunciados con bombo y platillo en algunos proyectos, pero que se perdieron de manera prácticamente inmediata. ¿Y el dinero? Seguimos preguntándonos lo mismo.

Pero, no todo está perdido. La próxima semana platicaremos de las opciones que están surgiendo gracias a las nuevas tecnologías.


Recomendación de la semana: El Código Enigma (TheImitationGame), una cinta sobre la vida y la genialidad de Alan Turing y cómo se puede perder todo cuando pasamos de héroes a villanos bajo la óptica de la estupidez. Gran actuación de Cumberbatch como Turing. 







Twitter: @carlosdragonne