sábado, 21 de marzo de 2015

La responsabilidad del público mexicano

En medio del escándalo Aristegui, del que no hablaré en este columna (o en ninguna otra porque aquí hablamos de cine... y eso que hay un drama digno de película de los 60), ambas partes han repetido una y otra vez la misma palabra. Palabra que llama mi atención y de la que platicamos en el noticiero con Héctor Trejo: responsabilidad. Y es que como público mexicano tenemos también una responsabilidad ineludible con la industria del séptimo arte que se hace en este país. ¿Qué tanto la estamos ejerciendo o qué tanto nos estamos haciendo patos? Les cuento por qué.

Ya hablamos de que el género de terror en México es, en términos de copias-recaudación, el que más dinero genera en la taquilla nacional. Y, sin embargo, los más grandes fracasos a nivel nacional de cine mexicano son películas de terror. Es decir que, si le ponemos al público mexicano películas de terror, sin importar la calidad de las mismas, extranjeras y con un buen marketing detrás, el público de nicho se desvive para llenar las salas y disfrutar –o, en su caso, destazar– la cinta en turno. Pero cuando le agregamos el factor “cine mexicano” a la mezcla, las salas quedan vacías y nadie se atreve a acercarse, por lo que es común que cintas mexicanas de terror apenas den el tan temido ‘semanazo’. Y es que el problema no sólo está en las cintas de terror. Si bien es el género donde se nota mucho más el prejuicio del público mexicano hacia lo producido en México, las comparativas de géneros no hacen más que mantener esa idea, incluso desde las oficinas de los distribuidores y exhibidores.

Si uno llega con un guión de terror o, incluso, una película de acción a las oficinas de los inversionistas o distribuidores, la primera respuesta que uno recibe es: “el público mexicano no ve películas mexicanas de esos géneros”. O, peor aún, se avientan la enorme respuesta de “es que en México no sabemos hacer cine de acción”. Y es que, al parecer, el público está creando la dinámica de castigar desde antes de su lanzamiento a los géneros que, de venir de otras latitudes, premia con, por lo menos, el beneficio de la duda. ¿De quién es la culpa de esta dinámica?

Sin duda parte de la culpa reside en los productores y directores que, en sus intentos por crear cine de terror o cine de acción en los últimos años han entregado bazofias como Morgana o El Libro de Piedra, por mencionar sólo algunas de las porquerías que he tenido que ver y que me hacen querer arrancarme los ojos de vez en vez. Pero, ¿acaso todo el cine de terror que viene de Estados Unidos o Asia es extraordinario y, por ende, garantía de calidad inequívoca? ¿Acaso los grandes blockbusters del cine de acción internacional son una absoluta fórmula de perfección narrativa y de entretenimiento? No lo creo porque, de ser así, de entrada yo no le escribiría estas líneas porque la figura de “crítico de cine” no sería necesaria de ninguna forma. Y, sin embargo, películas de muy cuestionable calidad terminan rebasando en México las taquillas de 20 películas nacionales juntas de las que, al menos la mitad, son bastante mejorcitas que el éxito en turno.

Esto nos lleva al segundo responsable del fenómeno del cine mexicano destinado al fracaso: el público. ¿No sería un buen ejercicio otorgarle a las producciones nacionales, al menos, el ya mencionado beneficio de la duda? Incluso hasta por una condición de solidaridad nos convendría pensar que con lo que se hace una cinta de terror mexicana, se paga apenas el 5% de cualquier cinta norteamericana de acción. Y si hacemos ese comparativo, lo que generó en taquilla a nivel mundial únicamente la cinta Skyfall (de la que ya hablamos un poco la semana pasada) equivale a casi el 90% del presupuesto total dedicado a la cultura en el Presupuesto de Egresos de la Federación en 2015.  Ahora, no se trata tampoco de ir y gastar el dinero a ciegas en el cine nacional sólo porque es ‘hecho en México’. Hemos hablado de ello. Pero tampoco se trata de que, por simple reflejo natural, al saber que una cinta de terror es mexicana, descartemos cualquier posibilidad de verla por un prejuicio que, entre más arraigado esté, menos futuro le augura a nuestra industria.

Recomendación de la semana: Amores Infieles (Third Person), una cinta muy al estilo de Paul Haggis, director también de Alto Impacto en donde las historias de varios personajes terminan por converger en medio de muchas visiones sobre el amor y las pasiones. Gran actuación (por fin) de Liam Neeson.


viernes, 13 de marzo de 2015

James Bond y México: Una inversión dorada

¿Por qué estamos tan enojados con el tema de los incentivos y el dinero dado a la producción de la nueva película de James Bond, “Spectre”? ¿Qué nos hace brincar y gritar en todas las posibles plataformas de redes sociales –porque nada más ahí se está moviendo la inconformidad– ante el hecho de que se le entregaron alrededor de 14 millones de dólares que venían, obviamente, con ciertas condiciones de modificación de guión y peticiones para mostrar la ciudad de México y a los mexicanos de una forma específica? ¿Qué tenemos en la mente que nos irrita que se haya exigido la contratación de una actriz mexicana reconocida, que terminó siendo Stephanie Sigman? ¿En serio somos de mente tan corta y de visión tan nublada?

A ver, claro... si me sacan la carta de la pobreza de millones de mexicanos, pues entonces podríamos pasar horas discutiendo pero, la realidad es que en un país de 60 millones de pobres, el dinero entregado alcanza para, apenas, otorgarle unos 23 centavos de dólar a cada uno de dicha estadística. Es decir que ni para la lata de Coca Cola les iba a alcanzar. Los programas sociales, contrario a lo que muchos puedan creer o pregonar –dos cosas que no siempre coinciden– tampoco son mágicos y son, de hecho, extremadamente caros, por lo que 14 millones de dólares no alcanzaba para mucho. Sí, podría haberse construido una escuela en alguna comunidad alejada en la sierra de Guerrero u Oaxaca para que, en unos meses, esté abandonada porque los “maestros” estén en la ciudad de México creando un caos absoluto por sus inconformidades imposibles. No, señores, ese dinero es un dinero muy bien gastado. Y les explico por qué.

El hecho de que la ciudad de México sea parte de los escenarios y la historia de la próxima película del agente secreto más famoso de la industria del cine –y el más longevo con 24 cintas ya hechas– genera una imagen positiva para México como un país digno de ser tomado en cuenta para inversiones de grandes estudios cinematográficos que vienen y dejan una derrama económica mucho mayor que la de esos 14 millones de dólares, de manera directa y de manera indirecta, pues no sólo estamos hablando del trabajo temporal que se crea para los miembros de la industria de la producción, sino que también hablamos de una campaña de promoción económica y turística que se generará de manera mundial y en escalas que no alcanzamos a comprender todavía. Para que usted se de una idea, nada más la última cinta de la saga rebasó los 1,100 millones de dólares en taquilla, lo que la convierte en la séptima cinta más taquillera de la historia del cine. Sí... así como lo lee. Imagine eso dividiéndolo entre el costo del cine para que saque un promedio de cantidad de gente que la vio. Y a eso hay que sumarle la cantidad de gente que la compró en formatos digitales o que la sigue viendo en plataformas de VOD como Netflix, Amazon Instant Video o Google Play, por mencionar solamente los internacionales.

Toda esa gente es la que va a estar viendo a nuestro país. ¿Le parece poco exigir que se le dé un tratamiento medianamente correcto a México y a los mexicanos por haber entregado 14 millones de dólares? O, pongámoslo de otra manera. ¿Le gustaría dar 14 millones de dólares para un proyecto y que, al final, usted apareciera como villano, narcotraficante, inculto, corrupto, mediocre y, además, víctima de asesinato? No, ¿verdad? Porque, si bien sabemos que en México hay mediocres incultos que por su corrupción terminan siendo villanos narcotraficantes que caen asesinados, también sabemos que el país se construye de mucha gente trabajadora que intenta no sólo dar una mejor imagen del país, sino construirle una mejor imagen al país. Y el cine es una de las herramientas más poderosas que existe para lograrlo.

Así que, la próxima vez que lea a alguien gritando y arrancándose las vestiduras porque se le otorgaron 14 millones de dólares a la producción de James Bond y que se les exigió que retrataran a México de una manera más positiva, sólo piense que además de ser un lineamiento profundo en las historias del Agente 007 el recorrer el mundo en busca del enemigo en turno, la campaña de promoción que se acaban de anotar en el Gobierno del Distrito Federal y el Gobierno Federal es, en términos de costo-beneficio, una de las mejores inversiones hechas en el rubro de la marca país de México. Y mire que si algo nos hace falta es atraer inversión y turismo. Ahora habrá que decirles que también apoyen al cine nacional, pero esa es harina no sólo de otro costal sino, al parecer, de otro molino completamente distinto y extremadamente lejano.


Recomendación de la Semana: Un Encuentro, extraordinaria película romántica francesa con François Cluzete y Sophie Marceau. Él, uno de los mejores actores de la actualidad. Ella, una de las mujeres más bellas que se han parado frente a una cámara.