¿Qué tenemos que hacer para revalorar el cine mexicano
en nuestro propio país? Con la reciente noticia de la exhibición de un ciclo de
cine negro mexicano en el MoMA en Nueva York, además de la confirmación de una
materia dedicada a estudiar a profundidad las películas de El Santo en una
universidad importante en Reino Unido, uno no puede evitar preguntarse si todo
lo que pasa alrededor del cine nacional en el extranjero no es una lección más
–sí, una más– de que, como público, algo estamos haciendo mal que no nos
permite generar una industria sustentable.
No se trata del romanticismo de llenar las salas de
Pedro Infante, Sara García, Cantinflas o Mauricio Garcés –aunque no estaría de
más aventarnos en pantalla grande algunos de los clásicos de Joaquín Pardavé,
Miroslava o Dolores del Río–, sino de un síntoma interesante de la revaloración
que le damos a nuestro cine como elemento de identidad cultural y
reconocimiento a cuando nuestro país sí era, en todos los sentidos, una nación
cinematográfica digna de atención. Las películas clásicas de la llamada época
de oro del cine mexicano parecen condenadas a vivir en la televisión por cable,
con un canal dedicado a dichas producciones que, cada vez más, disminuye su
audiencia conforme pasan los años. Y mientras tenemos muchos de los más grandes
y hermosos teatros para disfrutar del cine, nadie parece querer levantar la
mano para aferrar la responsabilidad de llevar a las nuevas generaciones el
cine que nos consintió como público durante unos 20 años antes de la debacle
del cine de ficheras y la vulgaridad de videohomes que quisieron jugar a la
comedia satírica y terminaron en el albur dicharachero.
En el mismo San Luis Potosí existe la Cineteca
Alameda, espacio que redefine la palabra “grandeza” en cuanto hablamos de
teatros y me dio mucho gusto verla llena para un ciclo de cine de mafiosos que
incluía Goodfellas y The Godfather entre otras cintas. Pero, ¿cuándo fue la
última vez que se armó un ciclo homenaje a las grandes figuras del cine
nacional de la década de los 50? ¿Dónde está la exigencia del público de ver en
pantalla a sus grandes figuras? Se lo comento porque, como se puedan dar estas
exigencias del público y, a la vez, esta revaloración de personajes de nuestra
cultura audiovisual, podríamos también hablar de la construcción hasta de un
género en nuestra cinematografía con tantas y tantas ventanas de oportunidad
para biopics que, además, ya demostraron que pueden triunfar en taquilla como
lo hiciera Cantinflas del director Sebastián del Amo.
Entonces, de nuevo les hago la pregunta. ¿Es
responsabilidad de quién el revalorar nuestra industria cinematográfica desde
sus orígenes y rendirle homenaje a nuestra historia? Pues sí, como se podrán
imaginar, mi creencia es que la responsabilidad es del público que tiene en sus
manos la posibilidad no sólo de disfrutar, sino de exigir el cine que quiere y
puede ver en enorme cantidad de lugares. No sólo existen las dos grandes
cadenas, sino que hay una fuerte cantidad de abanicos de presentación. Y,
entonces, conforme recuperemos la capacidad de identidad de nuestro cine
nacional, quizá podamos reconstruir una industria que ya existió y que, además,
probó una fórmula exitosa en su momento. Sólo se trata de reconfigurar esa
fórmula pero sin que olvidemos nuestra historia. Vaya... es la adaptación
cinematográfica de que los rascacielos del futuro se construyen con las piedras
del pasado.
ULTIMAS TOMAS
Arrancó el Guanajuato International Film Festival. A
mi gusto el festival de cine más importante de este país. Proyección de La
Maldad de Joshua Gil anunciada. Y me sigo preguntando cuándo llegará a la
exhibición comercial una cinta tan bien hecha.
Se anunció secuela de Jurassic World, demostrando que
somos capaces de consumir cualquier porquería y hasta sus segundas partes.
Recomendación de la semana: Se las debo. Anduve de
viaje y no pude llegar a funciones de prensa. Pero colegas en los que confío
coinciden que Pixels es una porquería. Así
que tengan cuidado de acercarse a ella.
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