¿Hacia
dónde queremos llevar el cine mexicano? Me hago esta pregunta estando en
Colorado, cerca de donde se está filmando la nueva cinta de Quentin Tarantino, TheHatefulEight y lo hago porque,
evidentemente, se respira mucho cine en estos momentos por esta región de
Estados Unidos. A partir de ahí, comenzó una plática de lo que se logra para
los apoyos a la industria norteamericana por parte de condados –el equivalente
a los municipios en nuestro país– y de estados para las filmaciones, eventos,
estrenos y festivales, lo que hace que el cine norteamericano ande moviéndose
sin parar todos los días en los cincuenta estados del país vecino. Por ejemplo,
les cuento que uno de los festivales más importantes es el Telluride Film
Festival, que este año se perfila para su edición número 42 y en el que te
puedes encontrar en la calle dándo una plática para quienes quieran sentarse a
escuchar a Werner Herzog, Alejandro González Iñárritu o Salman Rushdie. De este
festival se desprenden muchas de las participantes en Sundance o Tribeca.
Por otro
lado, si los proyectos lo ameritan, los estados y condados buscan apoyar y
atraer filmaciones por la derrama económica que generan y por el inmediato
beneficio que representa para la comunidad que termina
trabajando en la producción en cuestión, de manera directa o indirecta, pues
dependiendo del tamaño de cinta, estamos hablando de hospedaje, alimentación,
entretenimiento, empleo temporal, promoción en medios, proyección nacional e
internacional y hasta legado permanente para el lugar donde se haya realizado
dicho proyecto. Vaya… si no fuera por Tarantino, yo no sabría de la existencia
de Telluride, y miren que soy asiduo visitante de Colorado.
¿Y en
México? Hace unos años intentamos convencer a cierto gobierno estatal de apoyar
la producción de un documental que tenía como historia algo que el mismo
gobierno tenía en su decálogo de acciones ciudadanas a resolver. Nos parecía lo
más lógico que si se llenaban la boca en todos los discursos ello, acercarnos a
ellos para buscar el desarrollo de este
proyecto sería, como dice un clásico, “pan molido”. Y sí, lo era. Siempre y
cuando estuviéramos dispuestos a repartir en “moches” y “dádivas” para el gobernador
y sus cuates, algo así como 5 veces el presupuesto total del proyecto entero.
Aún me acuerdo y se me inflama el hígado del coraje. Pero es claro que nuestra
industria seguirá supeditada a quienes toman decisiones no por el bien de la
industria misma, sino por el de sus carteras, sin importar los beneficios,
pocos o muchos, que pueda generar atraer inversión cinematográfica a sus
estados. Ahí están los casos de Guerrero y Durango, anunciados con bombo y
platillo en algunos proyectos, pero que se perdieron de manera prácticamente
inmediata. ¿Y el dinero? Seguimos preguntándonos lo mismo.
Pero, no
todo está perdido. La próxima semana platicaremos de las opciones que están
surgiendo gracias a las nuevas tecnologías.
Recomendación de la semana: El Código Enigma
(TheImitationGame), una cinta sobre la vida y la genialidad de
Alan Turing y cómo se puede perder todo cuando pasamos de héroes a villanos
bajo la óptica de la estupidez. Gran actuación de Cumberbatch como Turing.
Twitter: @carlosdragonne
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