domingo, 2 de noviembre de 2014

¿Y cuándo haremos cine de género?

 ¿Qué está pasando con el público mexicano y los géneros que consumen en las salas de cine? Desde hace muchos años se ha demostrado que para el gusto nacional, el top tres está conformado por la comedia, el horror/suspenso/terror y, por último, el género de acción. Por ello cintas como Transformers 4, La Dictadura Perfecta o Actividad Paranormal 0 terminan generando una taquilla envidiable, sin importar la miserable calidad narrativa de las mismas. Y, entonces, ¿dónde están los productores mexicanos que busquen llegar a ese público ávido de consumir estos géneros?

Hace unos días Issa López decía que, al fin, el cine nacional había logrado trascenderse a si mismo como género y dar el paso hacia el largo camino que lo lleve a volverse una industria sustentable y generadora de éxitos. Hemos dejado de ser el cine de Carlos Reygadas, Amat Escalanta, Michel Franco o Fernando Eimbecke como única opción para el público. Más allá de reconocer la grandeza de estos directores (salvo el primero, que siempre he creído que es el más sobrevalorado de la industria) y nos estamos convirtiendo en un mercado interesante para la venta a públicos más allá de nuestras fronteras. Ha dado mucho gusto saber del éxito de cintas como Cantinflas en mercados de todo América Latina, aunque en México no le haya ido tan bien como yo hubiera esperado, debido quizá a un estreno bastante discreto en comparación con la expectativa generada y la importancia del personaje, clara prueba de una falta de visión por parte de la distribuidora y evidentemente la razón por la que perdí la apuesta hecha al aire con el buen Raúl Jiménez en Reporte 100.1, misma que habré de pagar en breve.

Entonces, ¿dónde está el productor o director mexicano que está creando cine de terror para el público nacional? ¿Dónde está la distribuidora especializada en un género como la comedia romántica? En Estados Unidos, industria líder del cine internacional, hay empresas que se dedican exclusivamente a un género, productoras que, desde la firma animada, prepara al público para lo que está por aparecer en la gran pantalla, como durante años lo fue Miramax, The Weinstein Company, Syncopy o, incluso, Carolco en sus inicios. El cine nacional sigue sufriendo de una falta clara de estrategia para distribuir y llegar a mercados que ahí están, listos para consumir el cine que les lleven y que les hagan pensar que está hecho a la medida de sus deseos. Porque aquí queda en claro que mucho de lo que sucede en nuestro país es la cultura del poco esfuerzo de las distribuidoras que saben que el año lo resuelven con tres estrenos grandes, pase lo que pase con las cintas chicas.

¿Dónde está el desarrollo de creadores especializados en sus géneros? Si en los créditos de una cinta aparece el nombre de James Wan o de Eli Roth se espera de inmediato un recorrido hacia el género de terror o, al menos, un buen suspenso psicológico. Aquí, el mismo nombre aparece en una parodia, un drama, un cine conceptual o un cortometraje animado, porque el cine en México sigue siendo una industria de supervivencia y no una carrera a perseguir. ¿De quién es la culpa? ¿De un ente distribuidor que sigue pintándose como el villando de la cinta o de los protagonistas y creadores de la industria misma que no terminan por definirse en el camino de sus propios desarrollos creativos? Como siempre le digo: la culpa la tenemos todos. ¿O no?

ÚLTIMAS TOMAS

Ya se menciona la posibilidad de Oscar consecutivo para mexicanos. González Iñárritu ha creado con Birdman una obra maestra. Y se lo digo yo que soy bastante reacio al trabajo del Negro después de Amores Perros.

¿Dónde quedó la industria cinematográfica argentina? Hace años se perfilaba como el nuevo boom latinoamericano. De eso hablaremos la próxima semana. Pero si usted no conoce este cine, vaya y busque Nueve Reinas o la mejor cinta latina, a mi parecer, de los últimos 20 años: El Secreto de sus Ojos.


Recomendación de la semana: Lo Que el Viento Se Llevó. Se reestrenó una de las grandes obras maestras de la cinematografía mundial. Y verla en pantalla grande es una experiencia que no debe perderse. Vaya ahora.

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