¿Qué
está pasando con el público mexicano y los géneros que consumen en las salas de
cine? Desde hace muchos años se ha demostrado que para el gusto nacional, el
top tres está conformado por la comedia,
el horror/suspenso/terror y, por
último, el género de acción. Por
ello cintas como Transformers 4, La Dictadura Perfecta o Actividad Paranormal 0 terminan
generando una taquilla envidiable, sin importar la miserable calidad narrativa
de las mismas. Y, entonces, ¿dónde están los productores mexicanos que busquen
llegar a ese público ávido de consumir estos géneros?
Hace
unos días Issa López decía que, al
fin, el cine nacional había logrado trascenderse a si mismo como género y dar
el paso hacia el largo camino que lo lleve a volverse una industria sustentable
y generadora de éxitos. Hemos dejado de ser el cine de Carlos Reygadas, Amat
Escalanta, Michel Franco o Fernando Eimbecke como única opción
para el público. Más allá de reconocer la grandeza de estos directores (salvo
el primero, que siempre he creído que es el más sobrevalorado de la industria)
y nos estamos convirtiendo en un mercado interesante para la venta a públicos
más allá de nuestras fronteras. Ha dado mucho gusto saber del éxito de cintas
como Cantinflas en mercados de todo
América Latina, aunque en México no le haya ido tan bien como yo hubiera
esperado, debido quizá a un estreno bastante discreto en comparación con la
expectativa generada y la importancia del personaje, clara prueba de una falta
de visión por parte de la distribuidora y evidentemente la razón por la que
perdí la apuesta hecha al aire con el buen Raúl Jiménez en Reporte 100.1, misma
que habré de pagar en breve.
Entonces,
¿dónde está el productor o director mexicano que está creando cine de terror
para el público nacional? ¿Dónde está la distribuidora especializada en un
género como la comedia romántica? En Estados Unidos, industria líder del cine
internacional, hay empresas que se dedican exclusivamente a un género, productoras
que, desde la firma animada, prepara al público para lo que está por aparecer
en la gran pantalla, como durante años lo fue Miramax, The Weinstein
Company, Syncopy o, incluso, Carolco en sus inicios. El cine
nacional sigue sufriendo de una falta clara de estrategia para distribuir y
llegar a mercados que ahí están, listos para consumir el cine que les lleven y
que les hagan pensar que está hecho a la medida de sus deseos. Porque aquí
queda en claro que mucho de lo que sucede en nuestro país es la cultura del
poco esfuerzo de las distribuidoras que saben que el año lo resuelven con tres
estrenos grandes, pase lo que pase con las cintas chicas.
¿Dónde
está el desarrollo de creadores especializados en sus géneros? Si en los
créditos de una cinta aparece el nombre de James Wan o de Eli Roth se espera de
inmediato un recorrido hacia el género de terror o, al menos, un buen suspenso
psicológico. Aquí, el mismo nombre aparece en una parodia, un drama, un cine
conceptual o un cortometraje animado, porque el cine en México sigue siendo una
industria de supervivencia y no una carrera a perseguir. ¿De quién es la culpa?
¿De un ente distribuidor que sigue pintándose como el villando de la cinta o de
los protagonistas y creadores de la industria misma que no terminan por
definirse en el camino de sus propios desarrollos creativos? Como siempre le
digo: la culpa la tenemos todos. ¿O no?
ÚLTIMAS TOMAS
Ya se
menciona la posibilidad de Oscar consecutivo para mexicanos. González Iñárritu
ha creado con Birdman una obra
maestra. Y se lo digo yo que soy bastante reacio al trabajo del Negro después
de Amores Perros.
¿Dónde
quedó la industria cinematográfica argentina? Hace años se perfilaba como el
nuevo boom latinoamericano. De eso hablaremos la próxima semana. Pero si usted
no conoce este cine, vaya y busque Nueve
Reinas o la mejor cinta latina, a mi parecer, de los últimos 20 años: El Secreto de sus Ojos.
Recomendación de la semana: Lo Que el Viento
Se Llevó.
Se reestrenó una de las grandes obras maestras de la cinematografía mundial. Y
verla en pantalla grande es una experiencia que no debe perderse. Vaya ahora.
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